Antiguas publicaciones académicas

Dejo enlaces a dos publicaciones académicas antiguas, en papel, que desconocía que ahora se consiguen en edición digital: un artículo escrito a cuatro manos sobre la estética de la risa, de Henri Bergson, en la obra dramática de Eugene Ionesco (2004), y otro sobre la identidad en la obra del escritor argentino de origen japonés, Maximiliano Matayoshi, "Gaijín", (2010). Hermosos recuerdos de investigaciones y entrevistas. Porque la escritura académica y la creativa se dan la mano en el escritorio de esta servidora.


Julio de 2017

El Teatro de la Independencia

Escribí sobre el teatro de la Independencia para el número dedicado al Bicentenario, en la revista Signos Universitarios, que sale en edición impresa y en digital. Dejo aquí el enlace a la segunda, al número completo y al artículo.

Artículo
Revista completa
http://p3.usal.edu.ar/index.php/signos/index 

10 de julio de 2017

Novedades sobre Samuel Redhead

Tres buenas noticias para los seguidores de Samuel Redhead:

     En el segundo semestre de 2017 saldrá una nueva entrega, la cuarta, de la serie de novelas protagonizadas por él. Todavía no puedo contar mucho, pero iré informando apenas sea posible. La novela ya está en proceso editorial. 
     Por otro lado, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires pueden encontrar la edición española, de tapa dura, de "El peso de la verdad", que está agotada en su edición local en papel, (lo mismo que "Deuda de Sangre" y "El carro de la muerte"). Actualmente, sólo es posible conseguirlas, de otro modo, en su versión digital. La feria termina el próximo lunes 15 de mayo.
     Por último, el cuento "La piel de la serpiente", protagonizado por Redhead, que integró en Argentina los volúmenes "Doce relatos oscuros" de la colección Código Negro (junto a obras de Guillermo Saccomano, Mempo Giardinelli, Eduardo González, Miriam Laurini, Cristina Fallarás, Rolo Diez, Raúl Argemí y otros) y la antología "Bajo sospecha", editada por el Ministerio de Educación y Cultura de la Nación, acaba de ser publicado en México, por el sello Código Negro, en la edición mexicana del mencionado volumen, "Doce relatos oscuros".



"Los que aman, odian", whodunnit con acento argentino (*).

El género policial que inicia Poe en el siglo XIX e inmediatamente conforma dos vertientes (la anglosajona y la francesa) dentro de lo que hoy denominamos genéricamente el modelo clásico, tuvo su resonancia en la literatura local desde muy temprano con la publicación de la novela La huella del crimen de Raúl Waleis, en 1877 (una década antes de que Conan Doyle diera a conocer en Inglaterra su Estudio en Escarlata). Esa novela y la siguiente del autor argentino imitaban el modelo judicial francés cultivado por Émile Gaboriau. Los que aman, odian, novela escrita a dúo por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares a fines del verano de 1946, se editó en pleno auge de lo que Roman Setton señala en Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina, como una operación programática que instaló el modelo anglosajón por sobre el francés y, dentro de aquél, a la novela problema como paradigma. Dicho modelo anglosajón abstracto e intelectual, se inicia en el país en 1932 con un texto que publica Jorge Luis Borges a raíz de la muerte de Edgard Wallace. En éste se vislumbra “el programa seminal de una literatura que logrará establecer su hegemonía mediante las producciones de algunos de los miembros del grupo Sur” (Setton, 2012: 35). La novela de Bioy Casares y Ocampo se sitúa, además, dentro la variante del Whodunnit.


     El nombre de este último proviene de la contracción de la pregunta Who has done it? (¿quién lo ha hecho?), y remite a una estructura narrativa estandarizada. El whodunnit, es un subsistema de la novela enigma, es la quintaesencia de la fórmula clásica anglosajona, es un acertijo para el lector, un rompecabezas que éste debe poder resolver si utiliza el método de observación de las pistas que se le van presentando mezcladas con trampas, desvíos y subterfugios para confundirlo. En el whodunnit, el lector se pone en lugar del investigador y como tal es un agente activo dispuesto a involucrarse con el texto lúdicamente. Es una fórmula utilizada entre otros por Agatha Christie, Dorothy Sayers, John Dickson Carr, Wilkie Collins, Nicholas Blake o el francés Gastón Leorux. Borges y Bioy lo consideraron, dentro del modelo anglo en general, una salvaguarda de la literatura clásica vinculada con la tragedia griega en la que el orden alterado se nivela gracias a la mediación de héroe/detective.   
     El whoddunnit repite ítems, situaciones, elementos o clichés: el lugar de la acción es generalmente apartado o cerrado; los personajes son esquematizados y cumplen roles; a veces poseen un doble que se define por paralelismo o por oposición; el detective, que a menudo es privado es único y en cierto sentido, superior por sus acciones, como el héroe en la tragedia clásica, o por su intelecto. Si es policía, se diferencia de los otros exponentes de la fuerza por todo lo anterior y por su originalidad y rareza. Cual modus operandi, este tipo de obras recurre a una regla que instala Edgar Allan Poe en La carta robada: ocultar la verdad en medio de un cúmulo de distracciones; esconder el árbol en el bosque (no por nada, en la novela que nos ocupa, los hechos transcurren en la localidad de Bosque de Mar). Como señalaron Borges y Bioy: “…las ficciones policiales requieren una construcción severa. Todo, en ellas, debe profetizar el desenlace; pero esas múltiples y continuas profecías tienen que ser, como las de los antiguos oráculos, secretas; sólo deben comprenderse a la luz de la revelación final…” (Lafforgue - Rivera: 249). Por último, el Whodunnit suele respetar las unidades de acción y de espacio, aunque no la de tiempo. Veamos ejemplos en la obra:
      La acción de Los que aman, odian transcurre en el Nuevo Hotel Ostende, en la ya mencionada y ficticia localidad de la costa atlántica argentina. El hotel es descripto por el narrador protagonista como un espacio aislado:
El edificio, blanco y moderno, me pareció pintorescamente enclavado en la arena: como un buque en el mar, o un oasis en el desierto. La falta de árboles estaba compensada por unas manchas verdes caprichosamente distribuidas –dientes de león, que parecían avanzar como un reptil múltiple, y rumorosas estacas de tamarisco–. Hacia el fondo del paisaje había dos o tres casas y alguna choza (Bioy Casares – Ocampo, 2016 : 22).
     En Bosque de Mar, al parecer, no hay bosque. Y este detalle no menor instala subliminalmente una cuestión compositiva que se repite a lo largo de la obra: la simetría por oposición y el contraste. La idea de espacio cerrado se refuerza por el hecho de que las ventanas no pueden abrirse; según aducen los dueños del hotel, que las han atornillado, para evitar la arena que azota a menudo en forma de tormentas. El calor se condensa allí  y el aire se hace sofocante y caliente, a diferencia de lo que sucede en La montaña mágica de Thomas Mann, obra que el narrador protagonista lee y recomienda al comisario Aubry. El sanatorio de Berghof, en dicha novela, se halla en la cima de una montaña y su aire frío limpia los pulmones. El Nuevo Ostende se constituye como su antípoda.
      Del hotel podemos armar un plano a partir de las descripciones que nos brinda el texto. En la planta superior están los dormitorios, separados por corredores. Dos de ellos los ocupan las hermanas Emilia y Mary Gutiérrez; esta última, la primera víctima. Ambas habitaciones se comunican entre sí. En la planta baja están el comedor y las salas de estar, y en las profundidades o entrañas de la casa (uso el lenguaje del narrador), hay “una especie de hall, con un mostrador y un fichero para llaves… más allá, una puerta vidriera, una sala en la que se acumulan comestibles, botellas de vino y enseres de limpieza” (30) En una de las paredes de esta habitación depósito hay un enorme fresco representa una escena  misteriosamente patética que encontrará en la narración su simetría opuesta: la muerte, personificada en el cadáver de una niña, besa a un niño.
     También en las profundidades se sitúa la habitación de Miguel, el sobrino de los dueños del Hotel (Andrea y Esteban) que practica el taxidermia a escondidas: “Parecía tener once o doce años. Su expresión era tan noble; las líneas de su rostro eran regulares y definidas; sin embargo, había en él una mezcla de madurez y de inocencia que me disgustó” (28). Nuevamente, la simetría de opuestos: el niño posee gestos y actúa como hombre.
     Fuera del hotel, en la playa, hay un velero encallado donde Miguel suele pasar horas jugando. Y más al sur, un cangrejal.
     El problema o misterio a resolver es la autoría del asesinato de Mary, quién lo llevó a cabo (who has don it). Mary es o era traductora de novelas policiales y ha sido envenenada con estricnina, presuntamente disuelta en una taza de chocolate que desaparece. Todos son sospechosos (regla fundamental del modelo) y como personajes mantienen cierta atemporalidad que les otorga un carácter artificial y explícitamente literario. Desfilan ante el lector por obra de la pluma del narrador, Humberto Huberman, que queda libre de sospecha para aquél, aunque no para los investigadores. Huberman es médico homeópata y guionista, y está adaptando una obra de Petronio para la productora Gaucho Film. Su figura hace las veces de Watson, contrapunto de la del detective. Como aquél, es médico y es quien narra los hechos a posteriori (a pedido de las amigas de su madre). La novela, enmarcada por su propia introducción y conclusión, es el relato de lo que atestiguó y vivió en el verano, en los días que pasó en Bosque de Mar.
     Dice el estudioso David Lehman en su ensayo The perfect murder, que con el surgimiento de (lo que él denomina) las “sociedades libres”, el detective reemplazó en la imaginación popular al héroe romántico, personaje idealizado que, cual Robin Hood, infringía la ley para hacer justicia y por eso se congraciaba con el pueblo (pensemos, por ejemplo, en Los Bandidos de Schiller). El detective del modelo anglo es quien, apelando a una superioridad heróica antigua, nivelaría el orden roto del sistema.


     Pero ¿qué pasa en la novela de Ocampo y Bioy? Hay dos personajes que cumplen con el rol del investigador aunque ninguno de ellos aplica para la categoría de héroe en el sentido que esboza Lehman. Se trata del comisario Audry y del inspector Atwell, policía de incógnito que vacaciona en el hotel cuando acontece el crimen. Ambos apellidos, Audry y Atwell, poseen resonancias anglosajonas. En los dos casos, si bien hay descripciones físicas que los distinguen como opuestos (el cuerpo robusto y moreno del segundo o la mirada celeste y penetrante del primero), se trata de entes meramente funcionales que no se distinguen por el éxito de sus pesquisas o lo excepcional de su materia gris, sino por la función que juegan: ser simétricos contrarios que guían la atención por derroteros equívocos. Conforman un desdoblamiento especular que, dicho de otro modo, distrae la atención del lector. No hay en la obra un equivalente de Dupin, Poirot o Holmes, lo que marca una ruptura con el modelo que se imita. No se trata de detectives privados sino de policías y ambos resultan extraños a su oficio. Ni Audry ni Atwell descuellan por su heroísmo, no se distinguen por su elevación moral sobre la media de los personajes, y muy difícilmente encarnen ese rol cuasi sacerdotal de ser los mediadores de la verdad.
     Hay, sin embargo, como dije, un Watson (Huberman) cuya su función compositiva es operar de contraste con uno y con otro. Huberman (muy lejos del niestzscheano Übermensch) se muestra como un cobarde, dominado por la gula y con rasgos cómicos. Su inteligencia, sobreestimada por el mismo, es tomada a broma por el propio asesino en la confesión final: “Quisieron que me examinara el médico pero lo asusté enseguida. Era más miedoso que las nutrias que embalsamábamos con papá” (149). Por lo tanto, aun cuando no parodie al modelo abiertamente, como lo hacen Bioy y Borges con Isidro Parodi, la novela admite las limitaciones locales de la mímesis.
     Pasemos a los sospechosos:
    Emilia Gutiérrez, la hermana de la víctima, tuvo varias peleas con ella durante el día y desaparece la noche del crimen.  El lector cuenta con su descripción física (contrastante con la de su hermana) pero desconoce su pasado y su psicología. Es, como los demás, un personaje estandarizado y funcional. Como sospechosa, su motivo puede ser económico y pasional. Hereda las valiosas joyas de su hermana Mary y se venga del supuesto affair de ésta con su novio.
   El doctor Cornejo (abogado), viste como capitán de barco y posee profundos conocimientos marinos. Al narrador, a primera vista, lo impresiona por sus rasgos bondadosos. Como sospechoso, su motivo puede ser el pasional.
     Enrique Atuel, hombre robusto y de rasgos amulatados que novia con Emilia es, visto por el narrador y por el niño Miguel, besándose con Mary al final del corredor, la noche del asesinato. Atuel es el disfraz civil del inpector Atwell. Su superioridad intelectual acaba probándose falsa y, como sospechoso, su motivo puede ser el pasional.
     El doctor Manning (abogado también), es “pequeño, rosado, arrugado, incomunicado” (35), juega solitarios y tiene siempre la pipa en la boca, lo que lo exime de hablar pero no de observar. Como sospechoso, su motivo puede ser económico (las joyas de las que Mary).
     Los dueños del hotel, Andrea y Esteban. En el caso de ella, se manifiesta harta del negocio y envidiosa de las joyas de Mary. El narrador la describe como una “joven sana, de ojos movedizos y facciones regulares, pero no agraciada. Tenía un interminable resentimiento que se manifestaba en una laboriosa y agresiva amabilidad” (34). Nuevamente, la simetría por oposición. De su esposo, Esteban, sabemos poco y nada, y apenas interviene en la historia.
     Por último, la empleada y dactilógrafa, a la que el narrador apoda Muscarius porque siempre está espantando insectos (en rigor, es el nombre de un hongo alucinógeno). No tiene un motivo pero siempre está en todas partes y cuanta con la posibilidad de matar porque maneja veneno, aunque no habla.
     La verdad, sin embargo, está delante del lector sin que éste pueda verla. Requiere de una lectura compositiva (y por lo tanto, no realista) que reconozca la estructura de simetría de opuestos enunciada. En la descripción del cuadro mencionado se prefigura por opuesta la imagen que atestiguará haber presenciado el doctor Cornejo, más cerca del final: el niño Miguel besa en los labios el cadáver de Mary. Miguel, el siniestro chico que tortura y mata pájaros para luego embalsamarlos, ha matado a quien se autodefinía como una “niña con alas” (25). El indicio mayor en la obra, a nivel compositivo, es el albatros que vemos en su proceso de embalsamamiento. El niño consigue arsénico en la botica y esto no nos sorprende a los lectores porque se nos dice que está secando algas y embalsamando un ave. ¿Por qué ha de sorprendernos entonces que haya robado de la botica la estricnina que liquidó a la víctima? ¿Por qué no relacionamos el hecho de que visitase aquel sitio donde podía proveerse del arma homicida?
    Siguiendo el esquema tradicional del whodunnit se suelta una serie de distracciones. Entre las primeras, los autores de la novela recurren al cliché genérico de las joyas (que le son robadas a la difunta), las desapariciones de personajes sospechosos, una segunda muerte y una tercera, que acaban por no ser tales, personajes que resultan no ser quienes decían porque, como en la serie Doctor House, todos mienten. Los datos se mezclan y confunden, mientras el rompecabezas de la acción nos es presentado desde distintas perspectivas o versiones que parecen encajar en sí mismas pero no con la totalidad del conjunto, como las caras de un cubo mágico.
·         La versión del comisario Audry pretende que la noche del asesinato, Emilia Gutiérrez abandonó la casa y mientras los demás salían a buscarla, regresó, echó estricnina en el chocolate de su hermana Mary y se escondió. Al amanecer, hizo desaparecer la taza y el frasco que se le había caído. Su motivo: los celos y la ambición material…
·         La primera versión del inspector Atwell aduce que Mary se suicidó y que su carta de despedida es la hoja manuscrita que todos pensaron formaba parte del libro que estaba traduciendo. La segunda versión, luego de reconocerse que dicha carta pertenecía a una novela de Eden Phillpott, es que el asesino fue el niño Miguel, lo que se refuerza y luego se desbarata con la estúpida presunción de Huberman respecto al paradero de las joyas dentro del albatros embalsamado (algo que recuerda a inverosímiles clichés de las historias clásicas, incluyendo La diadema de Berilo de Conan Doyle, cuento en el que la joya robada aparece en el buche del ave que se sirve en la cena). He aquí otro cuestionamiento a la mímesis exacta del modelo anglo.
·         La versión de Huberman anuncia, en un arranque de aparente lucidez, que: “El criminal es el chico… Sentía una pasión malsana por Mary, y despecho, y miedo de que lo delataran” (129), pero cuando le piden pruebas o que justifique su razonamiento, no logra hacerlo y alude a las joyas dentro del albatros. La inversión de roles, una vez más, marca la simetría de opuestos. Watson da en el blanco y no el detective. Aunque luego su afirmación quede en la nada.
·         La versión del doctor Manning sugiere que el inspector Atwell es el asesino porque “cuando bajó con el doctor Cornejo a buscar a la señorita Emilia… pudo colocar el veneno en la taza de chocolate que estaba sobre la mesa de luz.” Idea que se reforzará con la huida de este y el engaño a Huberman, en los cangrejales.
     Todas las versiones son erróneas o en términos futboleros, pegan en el poste, como la de Huberman. La resolución final viene por la pluma del asesino en una carta confesión que trae el boticario:
La noche que todos salieron a buscar a la señorita Emilia, Mary se había enojado mucho conmigo. Yo me escondí en el pasillo y cuando Atwell iba a encontrarse con los demás, para salir a buscar a Emilia, Mary le salió al paso, lo alejó de la luz de la escalera y lo besó de un modo que me puse a llorar. Oí que ella le decía riendo: <Mañana haceme acordar que te cuente lo que me pasó con el chico>. Yo pensé: <Voy a hacer una cosa terrible>… Bajé a mi cuarto, busqué la estricnina, me fui al cuarto de Mary y eché la mitad del frasquito en la taza de chocolate frío que ella tomaba antes de dormirse… Se me cayó el frasco. No tuve tiempo de recogerlo. Me fui por el cuarto de Emilia (180).
     Entre las particularidades de la novela, además del diálogo constante con la cultura clásica de la que ha hablado mi predecesor y en la que por tanto he intentado no bucear, si bien la prosa incluye el humor y la ironía, no trabaja desde la parodia total que implicaría una suerte de clausura. Frente al interrogante crítico de si es posible escribir un policial argentino de acuerdo con el modelo anglosajón, responde de manera afirmativa, valiéndose de la artificiosidad propia del subsistema narrativo del whodunnit, que le confiere atemporalidad y la instaura en una nebulosa en cuanto a la época y la realidad política.
     Como señaló Borges, las novelas policiales de esta índole (a diferencia de la novela negra), no pueden ser realistas. “Es un género ingenioso y artificial. Los crímenes, en la realidad, se descubren de otra forma: no por razonamientos inteligentes sino por delaciones, errores, azar.” (Lafforgue – Rivera, 1996 : 48-49).  Sin embargo, y paradójicamente, en la novela de Ocampo y Bioy, el crimen tampoco se resuelve por el razonamiento lógico de los detectives, sino, como vimos, por la confesión del asesino, el pequeño Miguel quien, como criminal, se sale con la suya. Esto establece una grieta respecto del modelo. El orden no se nivela realmente como en la tragedia clásica, y la catarsis, en todo caso, deja un sabor extraño, al percibirse el fracaso de la razón.
     Ocampo y Bioy Casares dialogan constantemente con el género y con el lector de policiales. A la vez, establecen  homenajes a la literatura universal. Por ejemplo, hay homenajes velados a autores como Homero y James Joyce, con la cita de la frase Epi oinopa pontón, que aparece tanto en La Odisea como en Ulises. El narrador protagonista, Huberman, dice, por ejemplo, poseer facciones similares a las de Goethe (aunque, teniendo en cuenta la simetría de opuestos, el corolario risible queda claro), adapta a Petronio, recomienda la obra de Thomas Mann, menciona el ladrido de un enorme perro (que recuerda al Sabueso de los Baskerville, de Doyle, o alude a Eden Philppot, el escritor anglo indio tan caro a Borges, y Bioy que publicó varias de sus novelas en la colección El Séptimo Círculo. Philppot ambientaba sus historias en el páramo de Dartmoor, el mismo en que transcurre la novela de Doyle y que tiene algunos puntos de contacto con la geografía de Los que aman, odian (la arena que deglute, la soledad, el detective encubierto). Finalmente, hay un uso evidente de motivos clásicos literarios como la tormenta, que en este caso es de arena, apelando a la mentada inversión.
     Los que aman, odian se inscribe en una tradición. En la introducción a la novela que hace el narrador Humberto Huberman, se nos ofrece este interrogante: “¿Cuándo renunciaremos a la novela policial, a la novela fantástica y a todo ese fecundo, variado y ambicioso campo de la literatura que alimenta irrealidades? ¿Cuándo volveremos nuestros pasos a la picaresca saludable y al ameno cuadro de costumbres?” (Bioy Casares – Ocampo: 11). La novela misma se erige como respuesta. Su trama y su prosa invitan al lector a participar lúdicamente, a reconocer los guiños y los homenajes. Lo invita a participar del armado del rompecabezas o del cubo mágico. Y por qué no, a evadirse, como dice David Lehman que hace todo consumidor del género: “No tiene sentido negar la naturaleza escapista a la que apela el género… El escapismo al servicio de un <efecto estético particular> no es vicio” (Lehman: 181).
     Si la novela negra sirve para denunciar la corrupción del sistema y sus injusticias, la forma clásica nos invita a mantener un hilo conductor, estético, con la literatura de todos los tiempos, desde la tragedia antigua en adelante. Cito nuevamente a Lehman cuando dice que “las novelas de detectives no son famosas por reflejar las noticias de mañana. Las asociamos con la nostalgia de una sociedad privilegiada o un pasado idealizado, así como con el deseo de escaparnos del mundo de los suplementos periodísticos y los flashes noticiosos de la televisión” (183).
      Borges y Bioy pusieron el asunto en estos términos: “Creemos que en el mundo entero, y desde luego en esta república, la literatura policial ejerce una influencia benéfica sobre las diversas ramas de la literatura: aboga por los derechos de la construcción, de la lucidez, del orden, de la medida.” (Lafforgue – Rivera: 250).
     Tal vez por eso, a pesar de los recurrentes vaticinios sobre su defunción, seguimos hablando del policial clásico, se sigue reeditando a Conan Doyle, a Gaboriau, a Chesterton, a Gaston Leroux…, se siguen filmando las historias de Agatha Christie y reescribiendo las de Sherlock Holmes, o seguimos comentando en jornadas como ésta la novela de Bioy y de Silvina Ocampo. No existen ya géneros puros. Sería difícil hoy componer una novela con las características del whodunnit sin admitir una reformulación genérica. Aunque no se trata, claro, de competir con la variante negra. Porque si bien comparten sus raíces, ambas líneas difieren en sus objetivos y, en ese sentido, pueden convivir pacíficamente, si así lo quiere el lector, en los estantes de su biblioteca.

    Mercedes Giuffré
30 de noviembre de 2016

(*) Comunicación leída en el marco de las Segundas Jornadas de Literatura y Cine Policiales, organizadas por el prof. Román Setton en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional Argentina, Buenos Aires, noviembre de 2016. 

Bibliografía
Lafforge, Jorge – Rivera, Jorge. (1996). Asesinos de papel. Ensayos sobre narrativa policial. Buenos Aires: Colihue.
Lehman, David. (1989). The perfect murder. A study in detection. New York: The Free Press.
Ocampo, S. y Bioy Casares, A. (2016). Los que aman, odian. Buenos Aires: Emecé.
Setton, Román. (2012). Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina. Recepción y transformación de modelos genéricos alemanes, franceses e ingleses. Madrid: Iberoamericana Vervuert.

Silencio

No suelo escribir sobre películas y menos en este blog, aunque a mis estudiantes de la facultad los apabullo con recomendaciones de clásicos, desde el cine mudo al neorrealismo italiano y Woody Allen. Me salgo de la norma hoy para recomendar "Silencio", lo nuevo de Martin Scorsese, basada en la novela del japonés Shusaku Endo.
     Me pasó con este film que salí de verlo con una sensación extraña de estar frente a algo que, como esa semilla que dice Cortázar sobre el cuento, va germinando después de un tiempo en el interior del lector, en este caso del espectador. La sensación, insisto, de que había en él más que la historia o anécdota que despliega. 
     La imagen es impactante. Algunas escenas, especialmente las del mar, son hermosas. Otras son terribles, durísimas, tristes, pero impecables. Las actuaciones, excelentes todas, desde el inquisidor japonés y su sarcástico asistente, hasta el personaje encarnado por Liam Neeson, un jesuita portugués apóstata, que aparece poco pero con su rostro hace lo que quiere. La historia es interesante. Rara. Habla del fracaso de la evangelización católica en Japón, del quiebre de dos sacerdotes torturados, del autoritarismo en nombre de la fe, de la ingenuidad y la arrogancia, de la Inquisición y también de lo que es, así como de lo que no debería ser jamás la religión. (Si se cambia al inquisidor budista por uno cristiano, en la misma época, la historia funciona de igual modo). 
     Pero la trama y sus derroteros van más allá y se transforman en una alegoría. Al igual que con "Kundún", también de Scorsese, que se centra en la historia del Dalai Lama, el cuestionamiento no pasa por la verdad de tal o cual creencia religiosa sino por el ser humano y el valor de la persistencia cuando una vocación "X" y una convicción son profundas. 



     Pensé por mi parte en aplicar el mismo esquema al arte, a la vocación del artista frente a un mundo que descree del valor de su oficio como elevador de la humanidad enfangada en la dialéctica mercantil que todo lo vuelve banal. ¿Cuánto puede durar una vocación cuando la vida se convierte en una tortura, cuando la pobreza apremia, cuando la soledad se impone ante la incomprensión de los otros y todo cuesta infinitamente más que si uno elige el confort de la profesión liberal y el pensamiento unidireccional? ¿Están dispuestos a pasar por eso quienes sólo buscan fama o reconocimiento? El mercado, el sistema, la mentalidad cómodamente aburguesada y la mediocridad llevan a convertir, no siempre por suerte, la vida de algunos artistas en un verdadero calvario. Otros, no obstante, triunfan por sobre todo eso y a pesar de eso, o incluso gracias a eso (entiendo por triunfar el hecho de que siguen adelante, persisten, aunque, como los sacerdotes de la película, tengan que engañar al sistema haciéndole creer que se ha salido con la suya). El precio, desde luego, suele repercutir en ellos a la corta o a la larga. Sabemos del detrimento físico, de la locura y la decadencia en la que muchos artistas culminaron sus días.
     Resulta irónico ver esta película con su profundidad manifiesta junto a éxitos de taquilla como "La la land" por la que nada en absoluto tengo que decir. Scorsese va a contramano. Filma lo que se le da la gana, como corresponde, lo que está madurando en su cabeza con libertad auto-concedida y con la duración que se le antoja, sin preocuparse de que le den premios o reconocimientos, lo critiquen o no vayan a ver sus películas. Porque a esta altura, Martin Socrsese no tiene que probarle nada a nadie. Cambia de "Pandillas de New York" a "Kundún" y hace lo que quiere. Y, en lo que a mí respecta, es un aliciente en los tiempos miserables que corren. 

Crazy (relato)


Ayer fui a ver libros a una de esas librerías enormes de cadena. Confieso que me gusta subir y bajar entre largas bibliotecas, como en un laberinto. Aunque la mayoría de las veces compre en las pequeñas librerías del barrio porque conozco a los libreros (y porque si no lo tienen, me consiguen lo que busco).

    Hurgaba entre las novelas, con dos libros que había seleccionado bajo el brazo, cuando noté que una señora luchaba con el lector de la computadora autoservicio para que le leyera el código de barras del ejemplar cuyo precio quería averiguar. Me acerqué y le ofrecí mi ayuda... De ahí en más, no volví a tener paz. A un libro lo siguió otro y otro, y otro.   Aunque le expliqué cómo tenía que colocar el código bajo la luz roja, ella prefería que lo hiciera yo, con dos, tres, diez libros, hasta que sus ojos se posaron rapaces en los que yo iba a llevarme y me los arrebató. De golpe y porrazo, descubrió que los quería y que sólo quedaban esos ejemplares. 
    Sentí que me brotaba el enojo y se los arrebaté a mi vez. Y acabamos pujando cada una por quedárnoslos, pero logré escapar y me arrojé a las escaleras mecánicas con el trofeo a cuestas. Esperé en el piso de arriba, entre los textos de yoga y de meditación, hasta que me pareció prudencial volver. Nadie en su sano juicio me aguardaría como cancerbero en la boca de la escalera. ¿O sí?    
   Pero ahí estaba la mujer cuando puse otra vez los pies en la planta baja. Volvió a acosarme con que quería la novela de Dai Sijie que yo me llevaba (y que minutos antes desconocía). "La quiero porque la eligió usted", me confesó casi llorando. "Porque se nota que usted sabe lo que quiere y yo no". 
    Pensé en dársela, temerosa de su arrebato de loca, pero apareció una vendedora que lo había visto todo y me ayudó, diciéndole que no estaba bien lo que hacía, y pidiéndome disculpas. 
   Corrí a la línea de cajas y, ya en la cola, la mujer se me echó encima varias veces, picotéandome y queriendo ver el nombre del autor para anotarlo en una libreta. ¿Es chino? ¿Y el otro libro? 
    Pagué y salí a los piques, dándome la vuelta mientras cruzaba Cabildo, por miedo a que me siguiera. 
   Mientras esperaba mi ticket, otra clienta de la cola me había susurrado al oído: "¿No se dio cuenta de que ésa es una farsante? La máquina nos reconoce a los que leemos mucho".



Mercedes Giuffré
24/feb/2017

Intelectoilets


El domingo pasado visité el programa radial Intelectoilets, en radio Conexión Abierta, conducido por Fernando Figueras y Carlos Marcos.



Jueves 15 de diciembre de 2016

II Jornadas de Literatura y cine policiales


El próximo miércoles 30, a las 12 h, voy a participar de las II Jornadas de literatura y cine policiales: <El grupo Sur, la Argentina peronista y el género policial>, con una ponencia titulada “´Los que aman, odian´ whodunnit con acento argentino”, en la Biblioteca Nacional de Argentina, en Buenos Aires. Aquí la programación completa (hacer click sobre la imagen para agrandar):





2° Encuentro de Sagas y Literatura Fantástica

PARTICIPACIÓN CANCELADA. El próximo 19 de noviembre, estaré dando una charla sobre "Cómo ambientar una saga en la historia argentina", en el marco del Segundo Encuentro de Sagas y Literatura Fantástica", organizado por el programa Lectura Mundi, de la UNSAM y el ciclo San Martín lee, de la Municipalidad de San Martín, provincia de Buenos Aires. La charla es a las 16 h. El lugar, el campus universitario de Migueletes. 


BAN! 2016

Ayer participé de la quinta edición del festival Buenos Aires Negra (BAN!) de literatura policial. Esta vez, como el festival (que dura todavía varios días) está dedicado a las relaciones entre la ciencia y el crimen, di una charla sobre la actividad detectivesca de Isaac Newton y su persecución de William Chaloner, el más grande falsificador de su tiempo.





Muchas gracias al festival, a Ernesto Mallo y su equipo por darme este espacio, y a quienes participaron de la charla.

13/10/2016


Festival BAN! 2016

El 12 de octubre a las 18,30 voy a dar una charla en el marco de BAN! (Buenos Aires Negra, edición 2016). El festival está dedicado esta vez a las relaciones entre la ciencia y el crimen, y voy a hablar sobre Isaac Newton y su actividad detectivesca; en particular, la persecución del falsificador William Chaloner. 
Será en el Centro Municipal General San Martín, como todos los años. En siguiente enlace, puede consultarse toda la programación.
http://buenosairesnegra.com.ar/es/programa-2016/

Los relatos historiográficos sobre las invasiones inglesas, 1806 -1807

La serie de novelas de Samuel Redhead, ambientada en la Buenos Aires de las invasiones inglesas, implicó una investigación de años. Algunos de los libros y del material consultado -lo que atañe directamente a las invasiones (no así a la vida privada o la cotidianeidad de la vida colonial)- cuajó luego en este ensayito académico que comparto con los lectores interesados en la historia rioplatense.


14 de septiembre de 2016

Debates actuales del hispanismo

Acaba de publicarse el libro "Debates actuales del hispanismo", actas del X Congreso Argentino de Hispanistas que se llevó a cabo en la Universidad Nacional del Litoral, en la provincia de Santa Fe, del que tuve el inmenso placer de participar. El libro puede consultarse y bajarse del siguiente enlace:


14 de septiembre de 2016

BAN! 2016

Confirmada la nueva participación en el festival Buenos Aires Negra de este año. La figura tutelar de 2016 es George Orwell y el tema convocante, "ciencia y crimen". Nos vemos allí, en octubre.


Ciclo Crudo y Cocido

El próximo sábado 17 de septiembre, a las 20 horas, voy a leer junto a Débora Mundani, Horacio Convertini y Pablo Mendez un capítulo de la nueva novela de Samuel Redhead en el ciclo "Crudo y Cocido". El mío, como está en proceso, será un texto bien crudo. Habrá música de Fernando Debernardi. Organiza Giselle Aronson. El lugar es La casa de al lado, Haedo, provincia de Buenos Aires.


Encuentro de sagas y literatura fantástica

Me invitaron a participar de este encuentro, en noviembre, organizado por la cátedra Lectura Mundi, de la UNSAM. Pronto, más información.



Conan Doyle y el espiritismo

La revista Evaristo publicó, en su edición más reciente, un artículo basado en las dos charlas que tuve el gusto de dar en el marco de las dos últimas ediciones del Encuentro Internacional de Literatura Fantástica (2015 y 2016), llevados a cabo en la Biblioteca Nacional. Dejo aquí el enlace y mi agradecimiento a los organizadores:
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21 de agosto de 2016.

Fotos de escritores argentinos

Hace unos días tuve la alegría de ser fotografiada por Ale Meter para su galería de autores argentinos. Estoy muy agradecida.


21 de agosto de 2016

Ciclo LEA

En la cátedra Taller de Escritura Creativa, de la carrera de Letras de la USAL, a mi cargo, y con un equipo de estudiantes de lujo, desarrollamos el proyecto de un ciclo de lectura y entrevistas a autores que llamamos LEA (Lectores en Acción).


Comenzamos en mayo con una jornada de lectura de cuentos extraños y seguimos en agosto, hace pocos días, con una entrevista a Selva Almada en la que hablamos sobre su obra.


21 de agosto de 2016

Presentación de "Rastros"

Cita ineludible para los amantes del género negro en lengua castellana. El próximo 29 de julio se presenta, en la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires, el libro de entrevistas a escritores de policiales, entre los que tengo el gusto de contarme.

Operación Stanbrook

En 1939, en las últimas horas de la cruenta Guerra Civil Española, poco antes de que las tropas moras entrasen en la ciudad de Valencia, al mando del fascista general Gambara, zarpó un barco carbonero británico cuyo capitán se apiadó de los miles de civiles y de militares que iban a ser masacrados y los dejó abordar, salvándoles la vida. Después de un largo periplo de parias, estos “refugiados” a los que nadie quería dar asilo fueron “acogidos” de malagana por el gobierno colonial francés de Argelia en campos de concentración, que al pasar a manos del colaboracionismo, después del armisticio con los nazis, adoptaron algunos de los métodos de éstos.
    Mi tío-abuelo José fue uno de esos refugiados. Había peleado para defender la República Española y acabó esclavizado en las arenas del Sahara. Lo liberaron, como a los demás, los ingleses y los norteamericanos en el 42, cuando entraron en África y torcieron el curso de la guerra. Mi tío abuelo y muchos otros se unieron al ejército francés libre de De Gaulle para seguir combatiendo al fascismo. Algunos liberaron París. Otros pelearon en el frente africano. Todos fueron olvidados. Yo misma desconocía la historia hasta que un parcial del posgrado me recordó una vieja caja de recuerdos familiares y encontré las fotos que me llevaron a investigar. El alma se me congeló de la tristeza y la vergüenza por el olvido al que habíamos sometido a aquella gente.


    El año pasado, un grupo de descendientes con los que entré en contacto preparó una reconstrucción del viaje de la nave que zarpó de Valencia bajo las bombas de la aviación italiana, la de nuestros antepasados, el Stanbrook. Me invitaron a viajar con ellos pero yo no podía faltar al trabajo ni costearme los gastos. Aunque juro que fui en espíritu y lloré por no estar en ese barco en carne y hueso.
    Hace unos días recibí por correo el libro que esos mismos descendientes prepararon con las fotos de nuestros parientes, las del barco original y las de la reconstrucción de la travesía. Junto a la de cada pasajero, pusieron la foto de algún descendiente vivo que reclame su memoria. Por mi parte, la descendencia es oblicua, se entiende, pero no hay nadie más. Así que tuve el honor inmerecido de acompañar a José en este último viaje. Lo he hecho también desde la ficción, en una novela que todavía permanece inédita, espero que no por mucho tiempo.





    Estoy muy emocionada y orgullosa. Y como no creo en las casualidades, el mismo día que recibí el libro, leí que la Argentina va a recibir a 3000 refugiados sirios y no puedo más que apoyar eso. Me importan, no los políticos que buscan quedar bien, sino esas personas que nadie quiere, que están en la misma situación en la que estuvieron, hace casi ochenta años, muchos europeos.

Mercedes Giuffré
Buenos Aires, 17 de julio de 2016

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2016

     El sábado pasado participé de una mesa organizada por la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina) en la Feria del Libro de Buenos Aires. Junto con el maestro Rubén Tizziani (precursor de la novela negra en el país) y Marcelo Di Marco, hablamos sobre Novela Negra y literatura policial en general.


Participación en el III Encuentro Internacional de Literatura Fantástica - Buenos Aires - Argentina


Próximas actividades

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES
"En torno de la Novela Negra", Rubén Tizziani, Mercedes Giuffré y Marcelo Di Marco.
Sábado 30 de abril, de 14:00 a 15:30. Sala Alfonsina Storni, Pabellón Blanco.
Organiza la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina).
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III ENCUENTRO INTERNACIONAL DE LITERATURA FANTÁSTICA
“Conan Doyle y la fantasía científica”, por Mercedes Giuffré,
en la mesa de Fantasía y ciencia.
Sábado 7 de mayo 17hs Sala Ortiz 3º piso.
Biblioteca Nacional.
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COLOQUIO INTERNACIONAL LENGUAJES DE LA MEMORIA
Del 26 al 28 de mayo, en la ciudad de Córdoba
Lectura de un capítulo de mi novela inédita “Los Olvidados”
Organiza la cátedra de Derechos Humanos
Universidad Nacional de Córdoba

Mercedes Giuffré
25 de abril de 2016

Libros recomendados 3/2016

  Hace bastante que no comento lecturas en el blog, básicamente por falta de tiempo. No obstante, hoy me tomo un pequeño recreo para dejar algunas impresiones que, lejos de pretender ser reseñas, están dirigidas a quienes tengan interés en alguno de estos libros que leí durante el verano , ya sea por estudio, esparcimiento, meditación, o en busca de lecturas para los talleres que dictaré este año. De ahí el eclecticismo que, espero, se me disculpará.

José Emilio Burucúa y Nicolás Kwiatkowski, "Cómo sucedieron estas cosas" (ensayo)


   A menudo se habla de la "indecibilidad" o de la imposibilidad de expresar con palabras el horror de algunos acontecimientos traumáticos del siglo XX, en particular la experiencia de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de millones de personas. Sin embargo, hay escritores y artistas, sobrevivientes de aquellos sitios, que contaron lo que se vivió en ellos. 
¿Cómo conciliar los intentos de quienes testimonian, ya sea desde la literatura y el arte como desde los documentos históricos, con la mentada imposibilidad? La tesis de este libro, precedida por un excelente estado de la cuestión del tema y varias propuestas subsiguientes, es que desde que el mundo es mundo y existen masacres, el ser humano se ha esforzado por representarlas con un valor testimonial. Y lo ha hecho, apelando a ciertas fórmulas establecidas. Sólo que en el siglo XX, a partir de la Gran Guerra del 14 y con la crisis de los paradigmas, dichas fórmulas se perciben como insuficientes para transmitir el calibre del horror, que asumen los centros concentracionarios y, en particular, el exterminio orquestado con su maquinaria respectiva.
Es un libro de lectura ineludible para quien se interese por comprender la importancia de obras capitales como las de Primo Levi, Imré Kertesz, Boris Pahor o Jorge Semprún, y la vieja discusión sobre quién puede hablar de lo que pasó, y de qué modo. 


Samantha Scweblin, "Siete casas vacías" (cuentos)

  
  Un nuevo libro de cuentos de la autora de "El núcleo del disturbio", "Pájaros en la boca" y la novela "Distancia de rescate". Samantha Schweblin definitivamente sabe cómo contar una historia y tiene un don especial para los tiempos y musicalidad del cuento. Sin establecer comparaciones, digo que desde mis lecturas juveniles de Silvina Ocampo, J. L. Borges y Julio Cortázar, que no me entusiasmaba tanto una cuentista argentina. Y eso es decir mucho, porque el cuento es uno de los subgéneros dentro de la narrativa que leo con mayor interés. 
  Si tuviera que definir la obra de Schweblin utilizaría la palabra "extraña", como un elogio. Sus cuentos son extraños, porque están orquestados desde una lógica diversa. Los personajes de "Siete casas vacías" se manejan por un carril que responde a un orden propio, al que el lector asiste preguntándose cómo funciona. Son historias con un ritmo especial, una fuerza narrativa arrolladora y un lenguaje pulido y sobrio que las engrandece con su sencillez. 
  Los premios que viene cosechando son más que merecidos. No conozco a la autora personalmente y hablo como lectora. En el taller que dicto suelo dar a leer sus obras y la reacción de los estudiantes siempre es de fascinación. 
  Como dijo un colega: "Háganse un favor y lean este libro".


Valérie Tong Cuong, "El taller de las ilusiones" (novela)




  Se trata de una novela narrada a tres voces. Sus protagonistas: una docente de secundaria alienada al grado de colapsar por completo y perder el control de su vida, un vagabundo que vive en la calle y arrastra su pasado de desertor del ejército (por objetor de conciencia y crítico al sistema), y una muchacha traumada por un terrible suceso, sin familia ni amigos, que tiene un gravísimo accidente. Los tres van a parar al Taller, que es un proyecto humanitario del filántropo llamado Jean Hart. 

  Así comienza la trama. El taller es un antiguo lugar donde se arreglaban relojes y ahora se arreglan las almas de las personas quebradas por la vida. 

 Tiene una realista y divertida vuelta de tuerca final. Está bien ensamblada (las voces van encabalgando la acción sin repetir lo que dijo la anterior, coordinadas con destreza, sin caer en lugares comunes ni en los típicos fuegos artificiales o happy endings estipulados), la prosa es medida e intuyo que, en su lengua original, debe ser musical (no por nada, la autora es música además de escritora). 

  He leído que la obra recibió críticas positivas pero que también se la tildó de ingenua. Como siempre alguien hace un juicio de ese tipo, considero que el comentario habla más de quien comenta que de lo que comenta. En todo caso, que el lector juzgue. A mí me pareció una pieza delicada y exquisita.

Shunryu Suzuki, "Mente Zen, mente de principiante" (lecciones de meditación)


  Es un libro destinado a cualquier persona que practique o esté pensando en practicar meditación (sea de la religión que sea o de ninguna). Se trata de una serie de lecciones que el maestro zen japonés Shunryu Suzuki brindó en distintos lugares de Estados Unidos antes de morir. Abarcan tres etapas destinadas a la posición del cuerpo y práctica correcta, la actitud correcta y el entendimiento correcto.
  Para Suzuki, la mente de principiante es la de quien siempre está receptivo porque entiende que no ha llegado a ninguna parte ni acumulado saber, por lo que se enfrenta a la práctica con humildad, mientras que el sabio (o quien se cree tal) se encontraría en la antípoda. 
  Brinda algunas reflexiones que pueden aplicarse, no sólo a la práctica sino a la vida. Es un libro valioso, articulado con sencillez oriental.

Mercedes Giuffré
3/3/2016 

Lenguajes de la Memoria

Está confirmado que el próximo mes de mayo estaré participando del Coloquio Internacional "Lenguajes de la Memoria", en la Universidad Nacional de Córdoba. La invitación, como autora, es para leer un capítulo de mi novela inédita "Los Olvidados", que transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, en África y Europa.
Mercedes

Damas del crimen

El género policial o negro, escrito o protagonizado por mujeres, sigue dando que hablar. Hoy, en el diario La Nación, de Buenos Aires.





(Nota completa en el siguiente enlace: