Ir al contenido principal

Grupos de lectura

Hace algunos años, una película norteamericana llamó la atención sobre el fenómeno creciente de las reuniones de lectores. Su título era: “Club de lectura de Jane Austen”, y si bien, a mi humilde juicio, no se trataba de un gran film, representaba cabalmente el contenido de tal actividad.
  Desde entonces, en varias oportunidades se me ha consultado acerca de cómo organizar un grupo de ese tipo, en qué consiste y cuáles son las expectativas razonables que se puede tener.
  Mi experiencia ha sido positiva, respondo usualmente. Por eso, es que hoy quiero compartirla con ustedes, seguidores de este blog, por si acaso les inspira a crear sus propios grupos, pues, en mi opinión, todas las formas de vivir la literatura son bienvenidas.
  Formé mi primer grupo de lectura cuando era estudiante. En mi casa y con varios compañeros con quienes cursaba la carrera de Letras. Nuestro objetivo era acercarnos a las obras de los escritores latinoamericanos del siglo XX, pero de un modo vivencial, dialogado, y no tan académico como al que estábamos acostumbrados.


  Nos reuníamos cada quince días, por la tarde, un par de horas. Café, mate y facturas mediante, en cada ocasión dirigía uno de nosotros la reunión, como coordinador, dando la palabra a los demás de manera ordenada y terciando en los intercambios. Esa persona, que cambiaba con cada encuentro, ya que todos teníamos un lugar de igualdad, era la encargada de presentar el capítulo, la serie de capítulos o, incluso, la obra entera que habíamos acordado previamente (cuento, novela, ensayo, etc.) en una suerte de resumen. Primero se hablaba del autor o autora, sus temas y ejes narrativos o poéticos, y luego se pasaba al debate. Cada cual daba, por turno, sus impresiones de lectura y se generaban amistosas discusiones, intercambio de pareceres, etc., para concluir leyendo los párrafos que el coordinador consideraba más jugosos y alguna entrevista al escritor o reseña crítica.
  A veces tomábamos a un autor durante meses y leíamos varias de sus obras. Eso sucedió con Carlos Fuentes, quien nos despertó parejamente el interés por México y su historia (a partir de Aura, El Naranjo y La Muerte de Artemio Cruz). Recuerdo que acabamos visitando una muestra de pinturas de José Luis Cuevas, comiendo tacos y escuchando música de mariachis.
  Los grupos de lectura forjan lazos de amistad y de intercambio intelectual. Abren nuestra mirada y nuestra capacidad de lectura. Sus integrantes son personas corrientes, no críticos especializados. En esas reuniones se vive la literatura de forma apasionada. Se traducen las vivencias solitarias en diálogo y se descubren aspectos de un texto que tal vez uno había pasado por alto.
  Es una experiencia que, como escritora, desearía para los lectores de mis novelas y cuentos. Literatura viva. Literatura transformadora que fomenta la expresión más allá de la cotidianeidad y nos impulsa a conocer, estudiar y crecer.
  Mis sugerencias para quien desee formar un grupo de lectura:
-Que todos los participantes coordinen al menos un encuentro.
-Hacer una primera reunión de presentación, en la que se elijan por consenso los autores y las obras, de acuerdo con los intereses generales.
-Que las obras no sean demasiado extensas, a fin de que todos puedan llevarlas leídas a cada reunión.
-Que alguien lleve un cuaderno “bitácora” somera de las reuniones, para que con el tiempo no se pierdan esos diálogos e ideas valiosos que surjan entre los integrantes.
  Y ahora, ¡manos a la obra! Ya me contarán sus resultados.

© Mercedes Giuffré.
4 de agosto de 2011.
             



Entradas populares de este blog

"Los que aman, odian", whodunnit con acento argentino (*).

El género policial que inicia Poe en el siglo XIX e inmediatamente conforma dos vertientes (la anglosajona y la francesa) dentro de lo que hoy denominamos genéricamente el modelo clásico, tuvo su resonancia en la literatura local desde muy temprano con la publicación de la novela La huella del crimen de Raúl Waleis, en 1877 (una década antes de que Conan Doyle diera a conocer en Inglaterra su Estudio en Escarlata). Esa novela y la siguiente del autor argentino imitaban el modelo judicial francés cultivado por Émile Gaboriau. Los que aman, odian, novela escrita a dúo por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares a fines del verano de 1946, se editó en pleno auge de lo que Roman Setton señala en Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina, como una operación programática que instaló el modelo anglosajón por sobre el francés y, dentro de aquél, a la novela problema como paradigma. Dicho modelo anglosajón abstracto e intelectual, se inicia en el país en 1932 con un texto que publica …

Al maestro, con cariño

París, 19 de noviembre de 1957.
Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus.

 Estas líneas, esbozadas en la intimidad y destinadas a un viejo amigo, me parecen las más emotivas del escritor argelino (lo cual …

Visita al Club de Lectura de La Plata

El sábado pasado, 18 de abril, viajé a la ciudad de La Plata para un encuentro con la gente del Club de Lectura María Teresa Beretta (nombre de una de sus fundadoras, recientemente fallecida). La reunión se llevó a cabo en uno de los salones del café Rimbaud, una antigua casona refaccionada.      Las organizadoras del encuentro me habían contactado tiempo atrás y supe que estaban leyendo en el grupo las tres novelas de Samuel Redhead.      Nunca antes había conversado de este modo informal con los lectores. Había coincidido con ellos en eventos pero en situaciones diferentes, en las que el diálogo es acotado y a los apurones. En cambio, esta vez, me encontré respondiendo preguntas específicas sobre mis historias, su composición, los personajes o el proceso de su creación, café por medio y distendida. A mi vez, pude preguntar cosas y enterarme de lo que los libros que escribo generan en quienes los leen, de cuáles son sus expectativas y temores en cuanto a lo que vendrá. 

     Cuando…