Ir al contenido principal

La apertura del género

Días atrás, tuve oportunidad de visitar la Feria del Libro de la ciudad de Mar del Plata y dar una charla, acompañada por los colegas Juan Carrá, periodista de El Atlántico, y Fernando de Río, de La Capital, ambos escritores. A modo de presentación de la nueva novela de la serie de Samuel Redhead (El carro de la muerte), la ocasión sirvió para reflexionar acerca de la narrativa policial y sus implicancias. De esto último, me gustaría dejar testimonio en esta bitácora.
     La literatura policial en lengua castellana se inicia en Argentina en 1877, con la publicación de la novela por entregas “La huella del crimen”, de Raúl Waleis, diez años antes de que Arthur Conan Doyle publicase en Inglaterra su  célebre “Estudio en Escarlata” (obra iniciática del personaje de Sherlock Holmes). Waleis se reconoce como seguidor del francés Emile Gaboriau [ver entrada anterior de este blog: “No olvidemos a los franceses”]. Esto lo convierte en uno de los primeros autores del género, no sólo en español sino a nivel global, y marca una tradición literaria local pionera que, muchas veces, los propios argentinos desconocemos, y que tiene que ver con la función de análisis social de la narrativa policial (él llamaba a las suyas novelas judiciales, ya que apuntaban a la toma de conciencia de la necesidad de reformar las leyes). En la obra de Waleis hay acción, tecnología “de punta” de su época, una visita a la morgue y alusiones al estado del cadáver de la víctima. Esto es, no se trata de una obra que se articule bajo los cánones de lo que posteriormente se consideró clásico (la versión estrictamente matemática del género). Aunque el enigma está presente.
     Esa característica es la que quisieron retomar los autores fundacionales de la variante negra. El policial, además de entretener y mantener en vilo al lector, posee una herramienta privilegiada para diseccionar a la sociedad y estudiar sus patologías: “Tenemos mafias y sindicatos del crimen y asesinos a sueldo porque tenemos políticos corruptos y a sus secuaces en el ayuntamiento y en la asamblea legislativa. El delito no es una enfermedad, es un síntoma”, dice Raymond Chandler en “El largo adiós”. Y si bien toda la literatura tiene la posibilidad de radiografiar el interior humano o la vida en común, este tipo de escritura se permite abordar dicho análisis de un modo peculiar, a veces crudo, otras más sutil.



     Descubrí las historias de Sherlock Holmes en la infancia, y desde entonces no he dejado de leerlas. Su presencia se asoma en lo que escribo. Mi personaje de Samuel Redhead tiene resonancias de aquellas lecturas, pero también diferencias, porque fue nutrido con otros ingredientes. Tal vez por este sustrato evidente, es que a mis historias se las considera clásicas. Porque tejen una red de continuidad con la tradición literaria que me precede. No obstante, escribo en el siglo XXI y no intento desmerecer este hecho. Mis novelas son un diálogo entre el pasado y el presente, surgidas por la necesidad de entender lo último, de ganar perspectiva, si bien respeto las fuentes históricas a partir de las cuales ambiento las tramas.
     La escritura se parece mucho a la composición musical. Hay que encontrar el tono de cada historia, el ritmo y sus armonías internas. Incluso los contrapuntos. Sin ese tono, la estructura se desvanece. Es preciso corregir y corregir para llegar a encontrarlo. Y si no se lo logra, mejor no apresurarse a publicar.
     En la actualidad, los géneros se están mezclando para bien, en una búsqueda de renovación. No nos sorprende encontrar elementos sobrenaturales en la resolución de un misterio, elementos fantásticos o históricos. Los paradigmas de lectura y de escritura se están reformulando. Pero la esencia del relato policial permanece y responde a la defensa de la trama, la búsqueda de identidad y alguna clase de justicia.

©Mercedes Giuffré
17 de noviembre de 2011.


Haga click a continuación para leer nota en La Capital
http://www.lacapitalmdp.com/noticias/La-Ciudad/2011/11/13/200812.htm
Haga clik a continuación para leer nota en Página 12 

Entradas populares de este blog

"Los que aman, odian", whodunnit con acento argentino (*).

El género policial que inicia Poe en el siglo XIX e inmediatamente conforma dos vertientes (la anglosajona y la francesa) dentro de lo que hoy denominamos genéricamente el modelo clásico, tuvo su resonancia en la literatura local desde muy temprano con la publicación de la novela La huella del crimen de Raúl Waleis, en 1877 (una década antes de que Conan Doyle diera a conocer en Inglaterra su Estudio en Escarlata). Esa novela y la siguiente del autor argentino imitaban el modelo judicial francés cultivado por Émile Gaboriau. Los que aman, odian, novela escrita a dúo por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares a fines del verano de 1946, se editó en pleno auge de lo que Roman Setton señala en Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina, como una operación programática que instaló el modelo anglosajón por sobre el francés y, dentro de aquél, a la novela problema como paradigma. Dicho modelo anglosajón abstracto e intelectual, se inicia en el país en 1932 con un texto que publica …

Al maestro, con cariño

París, 19 de noviembre de 1957.
Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus.

 Estas líneas, esbozadas en la intimidad y destinadas a un viejo amigo, me parecen las más emotivas del escritor argelino (lo cual …

Visita al Club de Lectura de La Plata

El sábado pasado, 18 de abril, viajé a la ciudad de La Plata para un encuentro con la gente del Club de Lectura María Teresa Beretta (nombre de una de sus fundadoras, recientemente fallecida). La reunión se llevó a cabo en uno de los salones del café Rimbaud, una antigua casona refaccionada.      Las organizadoras del encuentro me habían contactado tiempo atrás y supe que estaban leyendo en el grupo las tres novelas de Samuel Redhead.      Nunca antes había conversado de este modo informal con los lectores. Había coincidido con ellos en eventos pero en situaciones diferentes, en las que el diálogo es acotado y a los apurones. En cambio, esta vez, me encontré respondiendo preguntas específicas sobre mis historias, su composición, los personajes o el proceso de su creación, café por medio y distendida. A mi vez, pude preguntar cosas y enterarme de lo que los libros que escribo generan en quienes los leen, de cuáles son sus expectativas y temores en cuanto a lo que vendrá. 

     Cuando…