Recordando a Rosalía


Hace pocos días, el 24 de febrero, se cumplieron 175 años del nacimiento de la escritora Rosalía de Castro (1837- 1885). Autora de obras tanto en prosa como líricas, su nombre trascendió mayormente por estas últimas, puesto que implicaron el comienzo de lo que en su tierra natal se conoció, durante el siglo XIX, como el Rexurdimento.  
     Hija natural de un sacerdote, Rosalía pasó la infancia en una zona rural de Galicia, lejos de su madre. Allí tomó contacto con la dura vida de los campesinos y las costumbres ancestrales. Pero sobre todo, con la lengua gallega tan poco cultivada en las letras de entonces. Rosalía vivió en carne propia el peso de una cultura patriarcal que mantenía relegada a la mujer y aplicó el fruto de sus observaciones silenciosas a una serie de poemas que para los lectores resultaron ser un espejo de sus sentimientos e interrogantes. De este modo, la poetisa se convirtió en la voz de un pueblo de emigrantes que, en la diáspora, siguió viviendo Galicia a través de su obra.


     Recuerdo a mi abuelo, sentado en su reposera, en el balcón, leyendo ávidamente sus libros en esa lengua dulce y melodiosa que nosotros ignorábamos. Para él, como para tantos, imagino, aquellos versos eran el último eslabón con el mundo de ultramar. El nombre de Rosalía era, en nuestro caserón del barrio de Floresta, la invocación de un pariente querido al que todos apreciábamos sin haber llegado a conocer personalmente.
    Pero escribir en gallego en tiempos de Rosalía no fue cosa fácil ni bien vista dentro de los ámbitos literarios, puesto que en ellos se cultivaba con esmero la lengua castellana mientras que a la gallega se la consideraba menor y dialectal, cosa de pobres.
     Alentada por su esposo, Manuel Murguía, ella publicó “Cantares galegos” en 1863, obra que puso en evidencia la dignidad lírica que el gallego tenía desde sus mismos orígenes (no olvidemos que el propio Alfonso X -no en vano llamado “el sabio”- eligió el galaico-portugués para sus célebres Cantigas).
     El éxito de Rosalía fue tal que la siguieron otros escritores y ella misma publicó, más adelante, la célebre “Follas novas”, obra de la que me viene a la mente As viuvas dos vivos e as viuvas dos mortos, poema en el que remarca la soledad de las mujeres que ven emigrar a sus maridos en busca de trabajo y deben llevar sobre sus espaldas y en soledad el peso de la labranza, la casa y los hijos.
     El valor de Rosalía como poeta y mujer escritora se acrecienta en éste y otros libros, a mis ojos, por la denuncia implícita sobre la situación del campesinado, la realidad económica del país que obliga a las familias a separarse y empuja a mujeres y niños al desamparo. Obras que, sin embargo, trascienden su propia intención social para convertirse en la voz identitaria de un pueblo que crece a ambos lados del océano.
     Unamuno y Azorín fueron sus principales promotores después de su muerte, nombrándola como precursora  del Modernismo y fomentando la reedición y traducción de sus libros (no todos, porque algunos los escribió en castellano).
     Para quienes descendemos de los muchos hombres y mujeres que dejaron España y echaron raíces en América, Rosalía es la imagen misma de la tierra gallega. Y sus palabras, un susurro que nos acompaña. En este aniversario, vaya nuestro homenaje.

©Mercedes Giuffré
28 de febrero de 2012.