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¿Fotos con historia o historias con foto?

Durante la adolescencia asistí una vez por semana al taller literario de la poeta Hebe Solves. Recuerdo el grupo que conformábamos personas de distintas edades y géneros, unidas por el interés de la lectura y la escritura. Algunas veces trabajábamos con textos propios; otras, ajenos. Debatíamos, en aquel espacio de libertad, sin temer la descalificación o el escarnio, y escribíamos siguiendo las directivas que nos daba Hebe, siempre creativas e inesperadas.
     Una tarde, por ejemplo, nos recibió con una gran valija sobre la mesa de trabajo. Algo así como un “cofre de los recuerdos” lleno de cartas, postales y fotografías. Nuestra consigna era tomar una de éstas, observar la imagen y dejar que nos inspirase alguna historia que luego contaríamos en pocas líneas. Al cabo de una hora, como resultado, leíamos por turno los relatos más variados (¡y la pasábamos en grande!).
     Habíamos notado que todas las fotografías remitían a las mismas personas y eran, claramente, de los años treinta. Sus retratados miraban a la cámara con expresión nostálgica, acaso triste. Probablemente, pensamos, eran inmigrantes. ¿Pero de quiénes se trataba?
     La respuesta de Hebe nos desilusionó. Nada sabía. La valija había sido encontrada en la habitación de un suicida, en una pensión de Buenos Aires. El cuerpo de éste había sido llevado a la morgue y, una vez que la investigación policial concluyó, la dueña del lugar, que ignoraba todo sobre el sujeto, se había deshecho de sus pertenencias, entregándole a ella el peculiar “equipaje”.
     ¿Pero quién va por la vida con una valija que en lugar de ropa está llena de fotografías, cartas y postales? La imagen de aquel hombre solitario y doliente que llevaba a cuestas la memoria se convirtió para nosotros en un gran misterio como el que puede inspirar una novela negra. Una de nuestras compañeras, atraída por la idea, prometió investigar y escribir algo.
     Nunca supe si su pesquisa resultó exitosa. Lo que sí recuerdo vivamente es que se retiró de allí con la valija en mano y un nuevo brillo en los ojos. También recuerdo las palabras de Hebe, quien sugirió que las imágenes encierran historias que aguardan pacientemente hasta que aparezca la persona indicada para interpretarlas y contarlas. Dicho de otro modo, las historias eligen a su narrador (como claramente había sucedido esa tarde). Nos eligen.


     A mí me han elegido varias historias. Siempre empiezo a contar desde una imagen, a veces real y otras, imaginaria, de esas que se instalan en la mente y no nos dejan dormir ni comer sin martillarnos hasta que nos sentamos a escribir.
     Durante la crisis del año 2001, era asidua visitante de mercados de pulgas y librerías de viejo, tal vez porque buscaba evadirme de la angustia. Allí encontré muchas fotos antiguas que todavía conservo en mi propio “cofre” de las inspiraciones. La Internet y sus múltiples posibilidades han engrosado su contenido con fotos de otros archivos. Por eso, lectores de este blog, les propongo que imaginemos historias a partir de las imágenes que iré subiendo en algunas de las próximas entradas. Y para comenzar,  les dejo la que acompaña este texto, con el mayor deseo de que elija a alguno de ustedes para expresarla.
©Mercedes Giuffré
17 de marzo de 2012.

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