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Memorias del Festival Azabache de Mar del Plata

En la cuenta de que todavía debía en este blog las crónicas de mi paso por el reciente festival Azabache de Mar del Plata, cumplo con el primer resumen de lo que fueron aquellos días junto al mar.
     La primera actividad en la que participé formaba parte de la sección infantil y juvenil denominada “Azabachitos”. Se trató de una charla para los alumnos de cuatro escuelas primarias,  de entre 9 y 11 años, que abarrotaron el auditorio con sus rostros expectantes. Como introducción, la narradora Mariela Kogan les había relatado un cuento de Conan Doyle, que venía de perillas para entrar en el tema que yo llevaba preparado: Sherlock Holmes, o cómo se construye un detective.
     Lógicamente, hablé primero de mi experiencia de lectora y el modo en que había descubierto las historias de Doyle a la misma edad de ellos. Qué era lo que me había deslumbrado de las historias de detectives. Cuáles títulos en especial me habían conmovido… Después, comenté la vida del autor escocés y el hecho significativo de que también él se hubiera fascinado con la narrativa de misterio deductivo en sus tiempos de estudiante, a partir del descubrimiento de la obra de Edgar Allan Poe. Hablé de su estadía en Londres durante unas vacaciones en la adolescencia, la pasión por el teatro, en especial la obra “Hamlet” de William Shakespeare, abundante en cadáveres y un espectro, y el impacto de una visita a la sala de los horrores del museo de cera de Madame Tussaud, por entonces situado en Baker Street. Hablé de las primeras historias del detective más famoso de todos los tiempos y de cómo la creación se volvió más célebre que su creador, al punto de que los lectores escribían a Holmes pidiéndole que los ayudase a resolver misterios, ignorantes de que se trataba de un personaje de ficción. También, que el propio Doyle intentó, sin éxito, deshacerse de él.  


     Luego abrimos la ronda de preguntas. Al principio los chicos no se animaban, pero más tarde las cosas cambiaron y muchos tomaron el micrófono. Querían que les hablase de mi propio detective, Samuel Redhead. ¿Qué tiene él de mis lecturas de Doyle? ¿Por qué se llama Samuel? ¿Tiene un ayudante equivalente a Watson? ¿Tiene una pareja? ¿Va a enamorarse?
     A todo respondí, deleitándome con sus reacciones. Aunque lo más emocionante fue el cierre, porque los estudiantes quisieron que les firmara sus cuadernos. Pero, atención, que no todos pedían que lo hiciese con el nombre de pila sino con el del médico detective de mi creación, ya que, sin ofender –dijeron–, siguiendo el patrón Doyle/Holmes, ¡¡Redhead llevaría, con el tiempo, las de ganar!!


     Verdaderamente, pocos lectores hay como los chicos, tan desprejuiciados, alegres, directos y exigentes. Y si bien hasta ahora no he escrito nada para ellos, después de este encuentro me lo pensaré muy seriamente. La charla revivió en mí aquella sensación de júbilo que fue descubrir el refugio de la lectura. 

© Mercedes Giuffré
12 de junio de 2012.

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