Recordando a George Elliot


Cuando se habla de autoras del siglo XIX suele aludirse a las hermanas Brönte, Elizabeth Gaskell o la célebre Jane Austen, cuyas obras difunden el cine y la televisión. Con menor frecuencia se recuerda a la española Emilia Pardo Bazán, introductora del Naturalismo en su país, o a las rioplatenses Juana Manuela Gorriti y Eduarda Mansilla. Pero no siempre se tiene presente a otras escritoras que recurrieron al pseudónimo masculino para llegar sin obstáculos a los editores, o echaron mano de este subterfugio para proteger su intimidad y evitar, al mismo tiempo, una lectura predeterminada de sus libros (de acuerdo con la idea generalizada por aquel entonces de que a las mujeres sólo les interesaba escribir o leer sobre cuestiones sentimentales).Tales son, por ejemplo, los casos de la inglesa George Eliot, la española Fernán Caballero y la francesa George Sand, (acerca de quien escribí en mi anterior entrada a este blog).
     La primera de las tres, autora de importantes novelas como “Middlemarch”, “Silas Marner” y “Daniel Deronda”, se llamaba en realidad Mary Ann Evans y había nacido en Astley, en 1819. Su historia de vida es más que peculiar, porque tuvo la oportunidad de educarse en muy buenos colegios "de señoritas" y, en su juventud, durante una estadía en Coventry, conoció a un librepensador llamado Charles Brary que fue quien la instruyó en cuestiones filosóficas y políticas. Esto despertó sus inquietudes posteriores y le valió a la escritora un nutrido intercambio epistolar con Stuart Mill y Herbert Spencer, dos de los más importantes filósofos contemporáneos. Más tarde se mudó a Londres, donde trabajó como periodista de cultura free lance y fue nombrada coeditora de la Westminster Review (algo poco común en aquellos tiempos tratándose de una mujer). Sucede, como sabemos, que Mary Ann publicaba sus trabajos periodísticos y literarios con el pseudónimo masculino de George Eliot. Y así logró acceder velozmente al público general. Como narradora, fue muy admirada luego por Virginia Woolf, quien publicó en 1919 un artículo recordándola en el Times.


    Eliot fue una verdadera letrada y políglota. Tradujo del alemán al inglés algunos textos, y leía tanto griego como latín. En sus historias supo retratar con profundidad, optando por la fórmula realista, los distintos grupos humanos de las localidades rurales de su país, Inglaterra. Durante sus últimos años, la casa que habitó con su esposo en las afueras de Londres se convirtió en el centro de la tertulia literaria victoriana. Su verdadera identidad hacía tiempo que ya había trascendido.

© Mercedes Giuffré
26 de agosto de 2012