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Recordando a George Sand


Entre las autoras que publicaron con pseudónimo masculino en el siglo XIX, quisiera recordar hoy a George Sand. Se llamaba en realidad Amandine Aurore Lucile Dupin y había nacido en 1804, en la ciudad de París. De su primer matrimonio adquirió el título de “baronesa”. Publicó más de cien libros entre prosa y obras de teatro (de los cuales cabe mencionar especialmente la “Historia de mi vida”, “Valentine”, los cuentos infantiles que escribió para sus nietos y el libro de viajes titulado “Un invierno en Mallorca”).
     Escribía para ganarse el sustento y fue de las primeras en discutir los términos de sus contratos con los editores. El pseudónimo le abrió algunas puertas en una sociedad de corte todavía patriarcal, aunque sus escándalos amorosos, sus críticas a las instituciones y sus hábitos “peculiares” para la mentalidad de entonces (como vestir pantalones, por encontrarlos más cómodos que las múltiples faldas y enaguas de la época) le cerraron otras, especialmente las del entorno aristocrático.
     Sand formó parte del círculo de artistas compuesto por el pintor Eugéne Delacroix, los músicos Fréderic Chopin –con quien tuvo un afamado romance– y Franz Liszt, así como el escritor Alfred de Musset (grupo muy bien representado en la película británica “Impromptu”, que en 1991 protagonizaron Hugh Grant y Emma Thompson).


     Dueña de una prosa fluida y no desprovista de filo (en sus novelas hay siempre una observación de la sociedad de su época que desnuda hipocresías e injusticias), fue apreciada por muchos de sus contemporáneos. Al enterarse de su fallecimiento en 1876, por ejemplo, el escritor Fiodor Dostoievsky comentó a un diario de su país: “Bastó que conociera la noticia para comprender cuánto significó en mi vida aquel nombre”; pues sucede que los escritos de George Sand cosecharon lectores en todas partes del mundo.

©Mercedes Giuffré
5 de agosto de 2012

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