Sentidos I


Mi madre cuenta que lo primero que hice en sus brazos, de recién nacida, fue olerla. Cada mañana, estando yo en la cuna, las aletas de mi nariz se movían frenéticas hasta dar con ella.

     De pequeña adivinaba los ingredientes secretos de una receta sin siquiera abrir los ojos. Olía la lluvia antes de la tormenta. O el sol, atrapado en la ropa tendida. Descubrí que las personas tienen aromas diferentes; algunas huelen a pan, a menta o a limón, y otras, incluso, huelen a tristeza. Aprendí a reconocer especias, hierbas, flores... Y a preparar mis propias mezclas de té. 


     Pero el verdadero aroma del hogar, ese que intenta desde entonces remplazar los brazos de mi madre, es el que desprenden los libros de la biblioteca. Allí, como si de un viaje a la semilla se tratara, paso gran parte del día, escribiendo.

Mercedes Giuffré
4 de Noviembre de 2012