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Segunda Vida. Una novela de Guillermo Orsi.



Hablemos de literatura policial. Más allá de los rótulos y de los presupuestos, de los virajes que ha dado el género y de la buena salud que goza. Hablemos de una prosa irónica, incisiva, ágil, que no da tregua al lector (ni a los personajes), que no acepta etiquetas ni reglas sino que es, a secas. Hablemos de Segunda Vida, una novela de mi compatriota Guillermo Orsi. Hace tiempo quiero comentarla, pero, ¿cómo hacerlo sin contar demasiado y sin predisponer a tal o cual lectura?
     Empezaré por la forma. Porque, dividida en tres partes y un epílogo, la construcción del relato se percibe como algo de peso en la obra, algo que evoluciona a medida que se lee; como si estuviese viva. Tal vez porque lo está.
     El narrador, que se desdobla en ocasiones, es el protagonista, el Porteño. Junto con una banda de ladrones (conformada por una gama variopinta de sujetos como el Jardinero, Platón, y el Turco, una extraña combinación de fascista y proletario), casi todos ex combatientes de la guerra de Malvinas, salen de la cárcel para dar un gran golpe a las órdenes de un policía corrupto llamado Sandovál y el capo detrás de éste, Paz Alcorta. 


     A mi parecer, un texto logrado es aquel que encuentra su música propia. Y no me refiero únicamente a la sonoridad de las palabras o sus combinaciones, aunque de eso también se trata, desde luego, sino que aludo a la totalidad. Algo difícil de explicar, porque no siempre se lo encuentra, pero que puede estar presente en piezas de distintos géneros y habla de la actitud de quien escribe. De una escritura hecha con el cuerpo, en especial con el oído. Eso mismo encuentro en Segunda Vida. Una presencia sonora que en la primera sección adquiere la velocidad y el ritmo de un grupo de hombres que marcha sin tregua. Acaso por la reminiscencia de su pasado soldadesco, claro, pero que siguen marchando en el presente de la trama como si la experiencia de la batalla fuese una piel de la que ya no pueden despegarse. Devenidos en delincuentes, el Porteño y los suyos, ni héroes ni villanos sino sobrevivientes que le tuercen la mano a los mandamases y a la vez los padecen, se encuentran atrapados en su red.
     La prosa de Orsi tiene, repito, una sonoridad con sello propio que muta en las diversas secciones del relato y acaba cerrándose, ensamblándose, de manera perfecta. Y echando mano de otro término musical, la novela es un contrapunto de tiempos sombríos. Porque el gran golpe se prepara en medio de la crisis del 2001, en el caos y la desazón de la gran estafa y de los estafados que arremeten contra los bancos y las instituciones carroñeras.
     Novela intensa en la que el movimiento se alterna con la transformación del protagonista, el Porteño, que en un momento límite se permite, sí, un acto heroico y gratuito que parece redimirlo. En Segunda Vida la palabra es rica en imágenes, en ironías, en expresiones con más de un sentido, humorísticas y filosas. La ficción dialoga con la realidad y, sin caer en clichés, la pone en dolorosa evidencia: Parece la ciudad de los niños, la villa 31. Chicos tirados por los pasillos, algunos son tan pequeños que ayer nomás han cambiado el pezón materno o el biberón con leche aguachenta por la bolsita de plástico con pegamento. A otros, más grandecitos, se los ve colgados de la vida como frutos que, atacados por una precoz podredumbre, no acaban de desprenderse del árbol, picados hasta el hueso o demolidos por las fumatas de paco, una resaca de la cocaína en la que predominan el kerosén y el vidrio molido.
     El policial ha cambiado para bien, como cambia la realidad. Segunda Vida se inscribe en ese cambio con una actualidad contundente. Orsi nos honra con su escritura descarnada y debería tener un mayor reconocimiento del que ya tiene en buena ley. Sus libros, que han ganado premios internacionales, han sido traducidos y son muy valorados por los lectores del género, entre los que me cuento.
     Va mi recomendación, entonces, a quienes quieran ampliar sus lecturas con una buena novela y un autor de culto. [Segunda Vida, Buenos Aires, Norma, 2011].

© Mercedes Giuffré
10 de diciembre de 2012

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