Un corazón firme para la libertad


Desde hace tiempo quiero escribir en este espacio acerca de Malala Yousafzai. Hacerlo implica, aunque sea de soslayo, hablar sobre la libertad y de la educación como herramienta de base para lograrla. Libertad sin la cual prolifera la injusticia, desvalor supremo y antípoda de lo que toda sociedad necesita para poder considerarse tal.     
     Malala es una adolescente pakistaní que en el año 2009, siendo todavía niña, inició un blog (bajo pseudónimo) para contar lo que estaba sucediendo en su país con el avance de los talibanes. En ese blog, abogó durante años por el derecho de las niñas y mujeres a educarse y detalló en forma de diario la vida bajo el régimen opresivo que vivía la región de Swat. El siguiente verano, se dio a conocer un documental del New York Times acerca de la situación en Pakistán en el que se mencionaba a la niña como ejemplo de resistencia, lo que le otorgó una pronta celebridad. Malala concedió algunas entrevistas a los diarios y la televisión, abogando siempre por la causa de la educación femenina, único objetivo de su activismo que le valió la nominación por parte de Desmond Tutu para el Premio Internacional de la Paz que se otorga a los niños, recibiendo más tarde, de manos de las autoridades  de su propio país, el primer Premio Nacional de la Paz. 


En octubre del pasado 2012, la joven fue baleada por un fundamentalista como represalia. Su vida estuvo en serio riesgo y debió ser trasladada a una clínica de alta complejidad en Inglaterra, donde actualmente continúa con su recuperación. El ataque cobarde fue condenado por más de cincuenta religiosos islámicos en Pakistán y por la sociedad internacional. Aun así, Malala y su familia siguen amenazados de muerte por los talibanes y han decidido quedarse a vivir en Europa.
     Entre las muchas distinciones recibidas por ella, destacan el “Día de Malala” establecido por el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon y, muy recientemente, el Premio Simone de Beauvoir a la libertad de la mujer.
     Tal parece que, en gran parte del mundo, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres todavía es una cuenta pendiente (¿puede decirse que se haya logrado por completo en alguna parte?).
     El compromiso de Malala resulta más que acertado, porque sólo con una educación justa (no con la violencia, desde luego) tales derechos serán conquistados y mantenidos. Por eso celebramos el Premio Simone de Beauvoir que se le ha otorgado y deseamos que su historia despierte la conciencia de otros hombres y mujeres libres.

© Mercedes Giuffré
1 de febrero de 2013

 Siguiendo este enlace puede leerse el texto de Julia Kristeva escrito para la entrega del premio Simone de Beauvoir 2013.