Elogio de la no genialidad

Me irrita la frivolidad con la que se suele aplicar el término “genio”. En general se refiere a una persona talentosa. “Fulano es un genio”. ¡Qué tontería! Se desprende, por lo tanto, que es diferente e inalcanzable. Casi que no es humano.
    Cuando se dice que “Borges, Camus, etc, fue un genio” se le niega el valor a su esfuerzo, a su superación "por prepotencia de trabajo". Porque, técnicamente, un genio es un ser sobrenatural. Cuando Vasari aplica el término a Leonardo Da Vinci, por ejemplo, crea una falsa imagen de quien, siendo notablemente dotado, es cierto, trabajaba con una disciplina férrea y se esmeraba como pocos. La idea de “genio” renacentista desmerece, creo, la realidad del trabajo del artista. Rodin, por caso, y cambiando de época, no fue un “genio” sino un obsesivo del trabajo que se superó a sí mismo de un modo excepcional. Pero lo suyo me parece más cercano a lo que hace un obrero, que a la fantasía de un ser de éter que sale al exterior cuando se frota la lámpara mágica.
    Lo bueno cuesta, no cae del cielo. Cuesta y mucho. El talento sin disciplina no produce. El arte es esfuerzo y sacrificio. Y vale la pena.

Mercedes Giuffré
12 de febrero de 2014