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Malos, siniestros y perversos - 5


William Chaloner, falsificador, y su némesis, sir Isaac Newton
Columna en BAN! Radio Show del 16 de junio de 2014

Hemos hablado en esta columna de ladrones de guante blanco, asesinos seriales y una envenenadora y estafadora, pero todavía no tocamos una lucrativa actividad como la de la falsificación de moneda. Y más lucrativa aún en tiempos en que se acababa de inventar la máquina que daba forma pareja y grababa los metales, dejando atrás el oficio de recortador. Es por entonces que surgen los falsificadores a gran escala y, entre ellos, uno de los más célebres: William Chaloner. Hablar de él es hacerlo también de su némesis, sir Isaac Newton, que fue quien lo atrapó. Como Moriarty y Holmes, es difícil pensar en uno sin el otro.
     Newton, reconocido como físico y matemático, autor de la teoría de la gravedad, el cálculo infinitesimal y la teoría corpuscular de la luz, se retiró de la vida académica y se aseguró una cómoda renta del Estado, al ocupar un puesto en la Casa de Moneda, primero como inspector y luego como director. En ese puesto centró sus dotes de investigador obsesivo y hasta cruel. Notó al llegar que el veinte por ciento de la moneda que circulaba en las calles era falsa y se abocó a una pesquisa para dar con quienes la emitían. 


     Se disfrazaba por las noches, se maquillaba para evitar que lo reconocieran, y se aventuraba en los pubs y tabernas de los bajos fondos en busca de informantes y testigos. Se convirtió en un verdadero detective “ flâneur”, en términos de Walter Benjamin, (propio de los relatos policiales que todavía no se habían inventado). Llegó a arrestar a más de 100 personas, a las que sometió a duros interrogatorios. Cabe recordar que, en esos tiempos, los detenidos eran engrilletados, encadenados y permanecían durante todo el proceso que duraba horas e incluía torturas, encapuchados como en los juicios de la Inquisición.
    Esto le ganó a sir Isaac el odio y el desprecio de los pobres, pues la mayoría de los arrestados, inocentes muchos, culpables otros, provenía de las capas más humildes de la sociedad londinense (y si colaboraban en algún momento del proceso de la falsificación, no se llevaban las mayores ganancias sino que lo hacían para comer, por desesperación). Newton mandó a muchos de ellos a la horca. Aunque la mente criminal, el cerebro detrás de la organización que se beneficiaba a gran escala con el negocio, siempre se le escurría.
     William Chaloner había nacido en un barrio muy pobre de Warwickshire. De a poco fue labrándose un camino como falsificador, primero de relojes y luego de otros objetos de metal, hasta lograr la fórmula para falsificar monedas de oro y de plata, valiéndose de aleaciones o metales menores como el cobre y el bronce. Llegó a enriquecerse y ocupar una posición entre los poderosos del país, siempre en la retaguardia, usando esos contactos para obtener información que vendía a los otros delincuentes, los de baja estopa. Así mismo, se deshizo de sus contrincantes  acusándolos falsamente del delito de conspiración contra la corona (y es que todavía estaba muy presente el caso de Guy Faukes y la conocida conspiración de la pólvora).


    Newton comenzó a sospechar de él, lo siguió y logró que se lo arrestara y enviase a la prisión de Newgate, pero Chaloner apeló a sus contactos (a algunos los extorsionaba porque conocía sus secretos) y fue sobreseído. Se declaró entre ambos una enemistad declarada, hasta que, valiéndose de nuevos testigos y pruebas, Newton volvió a conseguir su arresto y, esta vez, su condena.
     Chaloner fue ahorcado y descuartizado como los traidores en una plaza pública. Y Newton, se granjeó una fama de cruel y oscuro personaje, a pesar de que el poeta Alexander Poe lo llamó iluminador por su obra como científico.
     En 2011 el sello Alba publicó la traducción del libro de Thomas Levenson “Newton y el falsificador” que contiene más información sobre este caso poco conocido.
Mercedes Giuffré

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