Malos, siniestros y perversos - 7



Manuel Blanco RomasantaEl hombre lobo de Allariz
Columna en el programa BAN! Radio Show del lunes 30 de junio de 2014

Es el primer asesino serial registrado en la historia de España y un caso único de licantropía clínica.  Nació en la aldea de Esgos, en la provincia gallega de Orense, en 1809. Se lo anotó en el registro bautismal como Manuela, lo que motiva hoy día a notables especulaciones. Hay quien sugiere que se trató de un mero error que al poco tiempo fue subsanado con un tachón y reescritura del nombre en masculino, aunque también se dice que sus padres no tenían en claro su sexo puesto que era un hermafrodita cuyos trastornos hormonales podrían estar detrás de su posterior patología.
     Como sea, Romasanta se crio en el campo, oyendo hablar de las meigas (brujas), los encantamientos, las maldiciones y los hombres lobos. Y es que en Galicia ya se había registrado un caso de licantropía en el siglo XVI, tal como relata Antonio de Torquemada, en su libro Jardín de flores curiosas (1575):
(...)en el reyno de Galicia se halló un hombre, el cual andaba por los montes ascondido y de allí se salía a los caminos cubierto de un pellejo de lobo, y si hallaba algunos mozos pequeños desmandados, matavalos, y hartabase de comer en ellos, y era tanto el daño que hazia que los de la tierra procuraron quitar aquella bestia del mundo y prendieronle, y viendo que era hombre, le pusieron en una cárcel (...)
     Romasanta trabajó en varios oficios, principalmente el de sastre. Se cuenta que era bajo de estatura, de rostro dulce y también que era culto, lo que en esa época era equivalente a saber leer y escribir. Se casó joven con una mujer de su aldea pero enviudó al poco tiempo, lo que lo impulsó a dejar su hogar y vagar por los bosques de la provincia con un saco como único equipaje (hecho que originaría la leyenda del hombre del saco, o de la bolsa, con la que se espanta a los niños tanto en España como en Hispanoamérica). De vez en cuando, se cuenta, bajaba a las localidades de la región para vender un ungüento que fabricaba con ingredientes naturales y pretendía ser una panacea. Más tarde se dijo que había en éste grasa humana.


     Por ese tiempo comenzaron a desaparecer mujeres jóvenes, nueve en total, y también algunos chicos. La gente señaló al misterioso hombre de los bosques como alguien que rondaba sus casas los días previos. Luego se rastrearon objetos y ropas de las víctimas que fueron vendidos por él en las ferias de mercachifles de la comarca. Los cuerpos, sin embargo, jamás fueron encontrados y hasta el día de hoy se buscan los restos óseos en las cuevas donde se cree que pudo haberse refugiado Romasanta después de  cometer sus actos delictivos.
     Alertado de que la policía lo buscaba para interrogarlo, se dio a la fuga pero fue apresado en Toledo. Se lo llevó de regreso a Galicia, a la prisión de Allariz, y se lo enjuició durante un año como sospechoso de haber matado a los desaparecidos.


     El caso atrajo la atención de toda España al quebrarse Romasanta y admitir su culpabilidad. Adujo en su defensa, sin embargo, que tenía la “fada” (una suerte de maldición) que una meiga le había echado, por la cual se convertía en hombre lobo durante las noches de luna llena. He aquí parte de su alegato:
La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes de aspecto feroz. De pronto me caí al suelo y comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos, yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo, el que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre.
     Los testimonios y declaraciones hechas a lo largo del juicio ocupan más de 1000 páginas y cerca de cinco tomos que se encuentran todavía en los archivos locales. En 1853 se condenó a Romasanta a morir a garrote vil, pero la intervención oportuna de un misterioso Mr. Phillips detuvo la ejecución. Hoy se sabe se trataba de un médico hipnotista francés llamado Joseph Pierre Durand de Gros (1826- 1900) que firmaba con ese pseudónimo y era famoso por haber sido uno de los introductores del Braidismo en Francia (nombre con que se conoce a la técnica del hipnotismo en tratamientos médicos). Phillips pidió que le dejasen estudiar el caso y logró que la reina Isabel II intercediera ante el máximo tribunal que finalmente cambió la pena por una cadena perpetua.
     Existen diversas teorías, hasta el día de hoy, acerca de la supuesta licantropía de este hombre. Por un lado, la ya aludida explicación acerca de su desequilibrio hormonal que lo llevó a sugestionarse. Aunque, a nuestro juicio, parece un tanto descabellada. Por otro, se dice que pudo haber actuado bajo la influencia de alucinógenos ingeridos por accidente, probablemente el claviceps purpúrea (un hongo que se genera en la harina de centeno y que causa síntomas como los que describe el propio Romasanta en su alegato). No obstante, hay quien también sugiere que la historia que contó éste al tribunal respondió a un mero intento de recurrir a las leyendas locales gallegas para ocultar su fría y calculadora vocación criminal.
     Hasta hace poco, su propia muerte era un misterio. Se ignoraba dónde había fallecido y  se especulaba con la prisión de Allariz o el Castillo de San Anton, en La Coruña. Pero en 2009, dos investigadores han descubierto en los archivos de la Hemeroteca Nacional de España que murió de cáncer en el presidio de trabajos forzados de Ceuta, en el Norte de África, lugar adonde se enviaba a los presos condenados a perpetuidad en el siglo XIX. Los restos de Romasanta, sin embargo, siguen siendo objeto de pesquisas, ya que en ese sitio se los enterraba en fosas comunes. Hallarlos proveería a los investigadores de su ADN y con éste se podría develar quizá el misterio de su aludida licantropía.
     Manuel Blanco Romasanta y su caso inspiraron libros, documentales y películas. La última, de 2004, es una coproducción hispano británica protagonizada por Julian Sands en el papel protagónico y dirigida por Paco Plaza, y se llama “La caza de la bestia”. Está basada en la novela del escritor gallego Alfredo Conde: “El hombre lobo de Allariz”.  

Mercedes Giuffré

     Para quien tenga interés en este caso y quiera saber un poco más, aquí un documental de la televisión gallega: