Malos, siniestros y perversos - 3



 “Yiya” Murano, la envenenadora de Monserrat
Columna en el programa radial BANShow! – Lunes 2 de junio de 2014

Se llama María de las Mercedes Bernardina Bolla de Murano, pero la conocemos como Yiya Murano. Fue una estafadora y envenenadora serial célebre en los años setenta. Una celebridad en el mundo criminal argentino, que inspiró numerosos artículos, libros, programas de tv y hasta una banda musical.
   Nació en Corrientes en el año 1930. Se casó con un abogado llamado Antonio Murano y vino a vivir a Buenos Aires, al barrio de Monserrat, en un departamento modesto. Pero Yiya quería pertenecer a la alta sociedad y se esmeraba por aparentar tener mucho más dinero del que en verdad tenía. Usaba ropa cara, perfumes y joyas de valor, y se rodeaba de amistades de buen pasar, tenía amantes y un tren de vida que no podía costearse, por lo que ideó un sistema para que sus amigas adineradas le dieran dinero, prometiéndoles, a cambio de un pagaré común y corriente, trabajárselos y ganarles intereses recurriendo a supuestos contactos en el mundo financiero. Todo era mentira. Al principio les fue dando los supuestos intereses, pero llegó el momento en que debía devolverles la inversión (que llegó a los 300. 000 dólares) y ya no la tenía porque se la había gastado. Entonces pasó a un plano delictivo mayor. Fue eliminando una por una a sus acreedoras, envenenándolas con cianuro.
     La primera de las víctimas fue  Nilda Gamba, su propia cuñada, viuda del hermano de Antonio Murano, ex funcionario de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales). Vivía sola y había dado a Yiya una cuantiosa suma de la herencia dejada por su esposo. El 11 de febrero de 1979 fue a cenar con ella y regresó tarde a su departamento. No volvió a vérsela sino hasta días después cuando, el portero y un vecino, preocupados por su ausencia, alertaron a la policía que irrumpió en la propiedad y la encontró muerta, con una bandeja de masitas y una taza de té no muy lejos del cuerpo. Se certificó que había muerto de un paro cardíaco y se la enterró en el cementerio de la Chacarita. El pagaré de Yiya no fue encontrado aunque, de momento, a nadie le llamó la atención.


     La segunda víctima se llamaba Leila Formisano de Ayala. También era viuda y amiga de Nilda y de Yiya. Vivía sola porque su hijo estudiaba en otra ciudad. El 19 de febrero salió con Yiya a comprar unas entradas para el teatro y se cruzaron con el portero. Esa misma tarde, Yiya regresó al edificio y preguntó a la mujer del encargado por ella. Dijo que Leila había regresado porque no se sentía bien pero que tenían que ir al teatro esa noche y le preocupaba que no le respondía sus llamados. Tres días después, la policía irrumpió en el departamento y la encontró muerta, sentada en su sofá frente al televisor encendido, con una bandeja de masas a su lado y una taza de té volcada en el suelo. Se habló de un paro cardíaco y se la enterró en la Chacarita. Nada se dijo del pagaré firmado por Murano.
     La tercera y última víctima (que se conozca al menos) fue la prima de Yiya, amiga de las otras también, Carmen Zulema del Giorgio Venturini. Con 49 años era viuda y heredera de una importante cantidad de dinero y tenía dos hijas casadas, por lo que también vivía sola. EL día antes de que terminara el plazo para que Yiya le devolviese su dinero se sintió mal, salió de su departamento para pedir ayuda y rodó por las escaleras. En ese momento se apersonó Murano en el edificio y, mientras venía la ambulancia, se metió en el departamento de su prima, previo requerirle la llave al portero y se llevó su pagaré y un frasco, presuntamente el del veneno, siendo vista por él. Carmen falleció en el hospital y se la enterró en la Chacarita, pero una de sus hijas, que sabía del dinero que le debía Yiya sospechó y alertó a la policía. Se exhumaron los tres cadáveres y tras una autopsia se encontró en todos rastros de cianuro, lo que le valió a Murano su detención y condena que fue accidentada porque en el medio aconteció la guerra de Malvinas y el país recuperó la democracia. En 1983 se la condenó a 25 años de prisión que acabaron siendo 15 por la conmutación de pena debido al dos por uno (extraña matemática del sistema legal).
     Marisa Gristein le dedica un capítulo de su conocido libro “Mujeres asesinas” que inspiró la serie de igual nombre. El episodio referido a dicho capítulo fue protagonizado por Nacha Guevara.También Rodolfo Palacios, el periodista, quien la entrevistó e hizo una interesante semblanza de ella en su libro "adorables criaturas".
     
Mercedes Giuffré