Malos, siniestros y perversos - 6



Henri Landru, el Barba Azul de Gambais
Columna para BAN! Radio Show, lunes 23 de junio de 2014
                                                                                                                                         
Fue un estafador y asesino serial de viudas que adquirió fama internacional. Nació en un barrio obrero de París en 1869. Su infancia estuvo signada por la disciplina y la obsesión de su padre hacia la rectitud y la honradez (era un trabajador humilde, igual que su madre, que era costurera, de marcada fe religiosa). Landru ambicionó desde chico una posición social que le permitiera ciertos lujos y holguras. Comenzó a trabajar pero el dinero que ganaba le parecía poco y decidió incrementarlo con el fruto de algunas estafas por las que fue apresado y pasó un breve tiempo en la cárcel, motivo por el cual su padre de suicidó.
     En el ínterin, Landru se había casado con una de sus primas. Un día leyó en el diario el aviso de una viuda que solicitaba la compañía de un hombre culto y bien parecido a cambio de una importante suma de dinero en vistas a formalizar su situación en el futuro. Landru se presentó, y aunque no le ofreció matrimonio, logró hacerse con el dinero a fuerza de promesas. Lógicamente, se había inventado una personalidad falsa. Pero la mujer sospechó y lo denunció. Y él escapó alistándose, pues acababa de estallar la Primera Guerra Mundial.


     Demasiado pronto llegó al cargo de sargento, aunque fue herido y dado de baja, según el testimonio de sus camaradas de armas, por afeitarse en medio de la batalla del río Marne mientras los morteros alemanes arremetían contra ellos. De regreso en París, en el mismo año de 1914, comprendió que muchos de los hombres que peleaban en el frente jamás volverían y que algunos dejaban a sus viudas cuantiosas fortunas que iban a desaprovecharse. Apercibido de su anterior error, ideó el plan macabro: seducir, obtener el botín y liquidar a las viudad sin dejar rastros. Esta vez fue él quien publicó un anuncio. Y obtuvo cientos de respuestas entre las que seleccionó a sus candidatas, las entrevistó, hizo una nueva criba y se abocó a la empresa que había ideado.


     Landrú cometió el error de llevar una libreta con los detalles de cada conquista. Llegó a seducir a varias mujeres a la vez y para cada una creaba una historia y adoptaba una identidad diversa. Alquiló primero un departamento y luego, con la “ganancias” de su lucrativo “negocio”, una casona en la localidad de Gambais. Conocía a las viudas, las llevaba allí donde se hacía pasar a veces médico, otras por oficial del servicio secreto, otras por un militar retirado… Lograba que confiasen en él, se hacía indispensable, les prometía matrimonio, obtenía su dinero y los títulos de sus propiedades, simulando transacciones económicas e inmobiliarias que les aportarían a ellas grandes dividendos y luego las mataba e incineraba sus restos en la gran chimenea de la casa.
     La policía fue alertada de las desapariciones al terminar la guerra. Generalmente, por persistencia de algún familiar que las buscaba. Las mujeres y sus propiedades se habían perdido en la nebulosa. La hermana de una de ellas, que había cruzado fugazmente a Landru durante su conquista, lo reconoció en una tienda parisina mientras éste compraba dicen unos que un cuadro, otros que un juego de café. Como sea, alertó a la policía. Ésta se apersonó en el local y obtuvo los datos a donde debía enviarse la compra y el nombre del cliente, Henri Désiré Landru.
     El sitio no era otro que la casa en la que vivía con su mujer y sus hijos. Lo arrestaron y tras un largo interrogatorio, lo obligaron a llevarlos a la mansión de Gambais donde hallaron varios kilos de cenizas, huesos humanos (la mayoría de cráneos), piezas dentales y objetos de las víctimas (los muebles y las joyas los había vendido, levantando sospechas y siendo luego reconocido por los compradores). A él le encontraron en el saco la libreta en la que anotaba cada una de sus “operaciones” y conquistas, gracias a la que se llegó a contabilizar unas 290 víctimas, aunque sólo se probó que había matado a 11.
     Landrú fue llevado a juicio, encontrado culpable y guillotinado en 1922. El proceso se convirtió en un suceso de interés internacional, seguido por artistas e intelectuales de la época, entre ellos la escritora Collette.
     El caso inspiró, además, las películas “Monsieur Verdoux” (1947) de Charles Chaplin, y “Landru” (1963) de Claude Chabrol.

Mercedes Giuffré

Video de la agencia EFE sobre la exposición que se llevó a cabo en Francia hace unos años sobre el caso Landru: