Malos, siniestros y perversos - 9



Las Toffanas – Envenenadoras profesionales de maridos indeseados
Columna en BAN! Radio Show, lunes 14 de julio de 2014

Hablamos de una estirpe de hechiceras y envenenadoras. Su base de operaciones fue Sicilia, aunque una de ellas vivió también en Roma. Su época, los siglos XVII y XVIII.
     Las toffanas, madre, hija y nieta, toman su apodo del nombre de la primera de ellas, Teofania d´Adamo, conocida en lengua siciliana como la Gnura Tufana.  Se trataba de una mujer que, como muchas otras en la región, conocía al dedillo el arte de la herboristería y los poderes curativos de las plantas, (así como su contrario).
     Teofania fue obligada a casarse muy joven con un hombre violento al que detestaba. Imbuida de espíritu siciliano, practicó, por así decirlo, el usual método de despachar al más allá a los adversarios. En este caso, a su esposo, haciéndole beber una pócima de su invención.
     A posteriori, se “solidarizó” con otras muchachas en igual situación y compartió su saber, (a cambio de una remuneración económica). Vendía la pócima en pequeñas cantidades, dosificadas en frasquitos a quienes se vieran en la necesidad de liquidar maridos y amantes molestos, sin dejar rastro. Porque el agua de Teofania, cuyos componentes aún hoy se desconocen pero se sabe que eran íntegramente vegetales, contenía, se dice, un alto contenido de arsénico, y era a la vez incolora, inodora e insípida, como el agua inocente. 


     Los médicos de entonces no encontraban rasgos del accionar de esta sustancia en los cuerpos de las víctimas y solían dictaminar que sus muertes eran del todo naturales. Unas gotas en la bebida bastaban para liquidar al oponente de manera lenta, horadándole la salud y produciéndole cansancio y depresión. En cambio, una cantidad mayor mataba en el acto.
     A Teofania d´Adamo la descubrieron porque una de sus clientas comió por error el plato con la dosis letal que había preparado para su esposo. Éste, alertado de que algo tramaba en contra suya, cambió la porción con la de aquella. Y mientras la mujer agonizaba, le sonsacó la fuente del veneno: Teofania.
      A ella se la arrestó y luego torturó en prisión hasta que confesó que fabricaba el veneno con elementos vegetales, aunque se negó de cuajo a compartir la receta. Y en 1633, fue ejecutada en la plaza pública de su pueblo, delante de una copiosa multitud.
     El conocimiento, sin embargo, no desapareció con ella, porque su hija y heredera, Giulia, conservó las notas de su madre y siguió preparando la pócima y vendiéndola a sus congéneres “necesitadas”. Claro que debió mudarse a Roma para evitar sospechas y acabar del mismo modo que su madre.
     Esta segunda “tofana” dejó el mundo tranquila, al llegar a la vejez, en el año 1651. Su hija, y nieta de Teofania, heredó a su vez la receta y regresó a Sicilia para dedicarse al arte familiar... Fue detenida y ejecutada en 1780, sin dejar seguidoras.  Sin embargo, la receta se filtró y circuló en Nápoles y Viena con el nombre de Acqua Toffana.  
     Una de las víctimas de este veneno puede haber sido el propio Wolfang Amadeus Mozart, quien durante su agonía murmuró a su esposa que creía haber sido envenenado con Acqua Toffana. Algo que Constanza Mozart repitió luego en varias ocasiones, dando paso a la leyenda (no probada) que en el siglo XX el dramaturgo inglés Peter Schaffer usaría en su célebre obra teatral Amadeus, en la cual el envenenador no es otro que el músico italiano Antonio Salieri.
     Se cree que entre las tres Toffanas liquidaron, por interpósita persona (esto es, mediante las clientas) a unos 600 hombres.

Mercedes Giuffré