Conan Doyle y el Espiritismo – Parte 1*



(*Primera parte de la charla del 2°Encuentro de Literatura Fantástica, organizado por la Biblioteca Nacional, la Universidad de Buenos Aires y la revista Evaristo Cultural, dada el lunes 11 de mayo de 2015)

The great Keinplatz experiment and other tales of twilight and the unseen, traducido al castellano como Historias de la penumbra y lo invisible, es una antología que reúne los cuentos que escribió Conan Doyle en torno de la temática espiritista, la reencarnación y otros fenómenos sobrenaturales o “paranormales”. Fue publicado en 1919, en medio de una gran actividad proselitista del autor respecto de lo que él y otras celebridades de la época consideraban una nueva revelación: el espiritismo.
     Sólo ese año, Doyle publicó más de veintiocho artículos y cartas en diarios y revistas como el Daily Herald, el British Weekly, Light o Globe, defendiendo la práctica de sus adversarios o explicando sus aspectos.
     Esta etapa en la vida de Doyle, que empieza con la Primera Guerra Mundial y dura hasta su muerte, en 1930, contrasta con la educación materialista de su juventud y el trasfondo de las primeras historias de Sherlock Holmes, modelo del investigador racionalista deductivo, que le valieron fama mundial hasta nuestros días.
     Cabe aclarar, no obstante, que el autor era desde 1893, año de la muerte de uno de sus hijos, miembro de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, y que a comienzos del siglo XX, la práctica del espiritismo o “espiritualismo”, tal como se lo llamaba, se enmarcaba dentro de dicho tipo de investigaciones y era considerada una disciplina a medio camino entre la ciencia y la fe. Y aunque rechazada por muchos, era abrazada por otros entre quienes destacaban hombres de ciencia, políticos y celebridades como el astrónomo francés Flammarion o el criminólogo italiano Lombroso, y que se presentaba como un espacio de búsqueda cuyo mayor enemigo era el materialismo.
     En cuanto a Doyle, según él mismo cuenta en uno de sus textos, se mantuvo escéptico acerca de la posibilidad de un contacto efectivo con los espíritus durante mucho tiempo; postura en la que fue evolucionando a medida que cambiaba su percepción de la realidad.
     Ante la crisis y el hastío de fin de siglo y la muerte de una generación completa en los campos de batalla, la disciplina se presentó a muchos como una búsqueda sistemática o con pretensión científica y, a la vez, metafísica, que en términos estéticos y genéricos se relaciona con lo que en Argentina conocemos en la misma época como “fanta-ciencia” o fantasías científicas: un género en el cual incursionaron autores como Ladislao Holmberg.
     En tal evolución, que se vio reflejada en su escritura, no había lugar para un personaje intransigente como Holmes. La ruptura con él se produjo gradualmente en un desgastante proceso de hartazgo por parte de Doyle, quien acabó arrojándolo por una catarata para librarse de él. Todos conocemos la historia. El autor debió resucitarlo debido a la presión del editor y sus lectores. Entonces, alternó las historias de Holmes, a quien maltrataba con morfina y arranques de mal carácter, con las del profesor Challenger, un científico desencantado de su tiempo que encuentra un mundo perdido en el que la naturaleza prehistórica ha sobrevivido a los embates de la tecnología y la soberbia del racionalismo. Un científico que decide abrirse a la experiencia: esto es, un empirista.
     También con sus novelas históricas, sus relatos de alta mar, sus cuentos del cuadrilátero, sus historias de piratas o los posteriores cuentos de terror, parece buscar Doyle alternativas estéticas a la fórmula que lo llevó al éxito y al reconocimiento literarios, saliéndose del carril y yendo más allá, al mismo tiempo que fallece su primera esposa y vuelve a contraer nupcias, esta vez con la médium Jean Leckie.
     En 1919, por tanto, terminada ya la Primera Guerra Mundial, el escritor está dedicado casi con exclusividad a la doctrina espiritista: “Sólo hace un año o dos me he declarado satisfecho por la evidencia”, afirma en 1918, en su ensayo La Nueva Revelación. Y agrega:
A no ser por la guerra, probablemente me hubiera pasado toda la vida limitándome a realizar investigaciones psíquicas, manifestando por el problema una simpatía de aficionado… Pero llegó la guerra y esta terrible prueba… reanimó nuestras creencias… Frente a un mundo agonizante, enterándonos todos los días de la muerte de la flor y nata de nuestra raza en la primera manifestación de la juventud… me pareció comprender que este problema… no era únicamente el estudio de una fuerza extraña a los objetos de la ciencia, sino que en realidad era algo extraordinario, el derrumbamiento de una barrera que separaba dos mundos, el mensaje innegable del más allá… Su sentido religioso era de un significado infinitamente más importante (Doyle, 1918: 39).
       Doyle llevaba notas de carácter experimental en las sesiones a las que asistía. Esas notas le servían para establecer patrones en las revelaciones del más allá, a fin de detectar fraudes o dirimir si eran ciertas y, en tal caso, reconstruir las impresiones de la posible vida después de la muerte. Algunos de dichos escritos los utilizó también, apenas trastocados, en boca de espíritus ficticios en la novela “El país de la bruma”, de la que hablaremos enseguida.
     Entre los textos teóricos que escribió acerca del Espiritismo,  cabe mencionarse  varios que giran en torno de los años inmediatamente posteriores a la guerra:
·     El antes mencionado The new revelation, traducido al castellano como La nueva revelación, escrito y publicado en 1918.
·     Life after death (Vida después de la muerte, del mismo año, 1918).
·     The vital message, traducido al castellano como El mensaje vital, escrito y publicado en el atiborrado año de 1919.
. Our reply to the cleric (1920)
·     The coming of the fairies, o La llegada de las hadas, de 1922.
·     The wanderings of a Spititualist, que es un relato o bitácora de la gira alrededor del mundo que realizaron él, su esposa y sus tres pequeños hijos entre 1920 y 1921, con detalle de las numerosas conferencias dictadas en Australia y abundante material fotográfico. Fue publicado en Londres ese último año.
·    The history of Spiritualism o Historia del Espiritismo, de 1926.
·    Pheneas speaks, o Pheneas habla, de 1927, que incluye las notas de Doyle sobre los dichos del espíritu guía de las sesiones a las que asistió en Australia y Nueva Zelanda con su esposa.
·         También dedica al Espiritismo el último capítulo de su Autobiografía.

(continúa en la siguiente entrada)
12-5-15